Las demandas de los pueblos y nacionalidades
indígenas cuestionan un modelo de Estado que los excluye en forma sistemática;
no quieren programas y obras, sino una reestructuración de las formas de poder.
Luego del levantamiento de octubre, el movimiento indígena se fortalece, no
solo por su cohesión y capacidad organizativa sino por haber generado una
solidaridad enorme en otros sectores del país. La madrugada del lunes 14 de
octubre, una vez finalizado el paro, pobladores del sur de Quito, una zona
pobre de la ciudad, despidieron a los indígenas en medio de aplausos.
¿Fin de un gobierno o fin de un régimen? Eso es lo que toca
definir al calor del levantamiento indígena que acaba de convulsionar al país.
Si entendemos a un régimen como el modelo de estructuración de las relaciones
de poder durante un período determinado, podemos afirmar que el régimen actual
se inauguró con el ascenso al poder de Lucio Gutiérrez en 2002. En ese momento
fue determinante la irrupción del movimiento indígena, que venía movilizándose
desde una década atrás.
Gutiérrez fue un militar golpista que se enancó en el
movimiento indígena para llegar al gobierno. En su administración se definieron
los lineamientos generales de lo que





