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segunda-feira, 24 de fevereiro de 2014

VENEZUELA: DEMOCRÁTICA Y BOLIVARIANA

23 febrero 2014, ALAI, América Latina en Movimiento http://www.alainet.org


Venezuela se encuentra amenazada por intentos golpistas de la derecha latinoamericana y el gobierno de los EEUU, no es algo nuevo y sobre esto ya no quedan dudas. Todos los países latinoamericanos a través de la CELAC, la UNASUR, el Mercosur y el ALBA han emitido pronunciamientos conjuntos reconociendo el intento de desestabilización de la democracia venezolana, expresando su solidaridad y la necesidad de diálogo.

La solidaridad con el pueblo venezolano y su gobierno es un gran desafío para toda Nuestra América. Resulta preocupante y dolorosa la intensidad de la violencia desatada, provocando muertes, heridos y daños materiales.

El ex Presidente Hugo Chávez ganó sus últimas elecciones por más de 10%. Como lamentablemente no pudo asumir a tiempo se llevaron a cabo nuevas elecciones con observadores internacionales y no quedaron dudas de la legitimidad del nuevo presidente. Ganó Maduro y una vez más ganó el proyecto bolivariano iniciado por Chávez, porque las mayorías venezolanas entienden que su país ha mejorado y es más igualitario.

En efecto, gracias a este proceso, Venezuela por primera vez en su historia pudo ser dueña de sus propios recursos petroleros y ponerlos al servicio del pueblo, del continente, e incluso de EEUU cuando fue devastado por el huracán Katrina. Durante la última década, el gobierno aumentó el gasto social en más de un 60,6% y hoy es el país de la región con el nivel más bajo de desigualdad, después de haberla reducido en un 54%, y a la pobreza en un 44%. En Educación se ubica en el segundo en América Latina y el quinto en el mundo con las mayores proporciones de estudiantes universitarios. Ha construido más de 13.721 clínicas en barrios en los que antes el Estado no iba y

quinta-feira, 5 de setembro de 2013

Siria/PÉREZ ESQUIVEL A BARACK OBAMA



4 septiembre 2013, ALAI América Latina en Movimiento http://alainet.org


¡Escucha el clamor de los pueblos!

La situación en Siria es preocupante y una vez más los EE.UU., erigiéndose en gendarme del mundo, pretende invadir Siria en nombre de la “Libertad" y los "derechos humanos”.

Tu predecesor George W. Bush en su locura mesiánica supo instrumentalizar el fundamentalismo religioso para llevar a cabo las guerras mesiánicas en Afganistán e Irak. Cuando declaraba que conversaba con Dios, y Dios le decía que tenía que atacar a Irak, lo hacía porque era dictamen de Dios exportar la "libertad" al mundo.

Tú has hablado, con motivo de los 50 años de la muerte del Reverendo Luther King, también Premio Nobel de la Paz, de la necesidad de completar el "Sueño" de la mesa compartida, de quien fuera la más significativa expresión de lucha por los derechos civiles contra el racismo en la primera democracia esclavista del mundo. Luther King fue un hombre que dio su vida para dar vida, y por eso es un mártir de nuestro tiempo. Lo mataron después de la Marcha sobre Washington porque amenazaba con desobediencia civil a seguir siendo cómplices de la guerra imperialista contra el pueblo de Vietnam. ¿Realmente crees que invadir militarmente a otro pueblo es aportar a ese sueño?

Armar rebeldes para luego autorizar la intervención de la OTAN, no es algo nuevo por parte de tu país y tus aliados. Tampoco es nuevo que EE.UU. pretenda invadir países acusándolos de posesión de armas de destrucción masiva, que en el caso de Irak resultó no ser cierto. Tu país ha apoyado el régimen de Saddam Hussein que utilizó armas químicas para aniquilar a la población kurda y contra la Revolución Iraní y no hizo nada para sancionarlo porque en ese momento eran aliados. Sin embargo ahora pretenden invadir Siria sin siquiera saber los resultados de las investigaciones que está haciendo la ONU por autorización del mismo gobierno Sirio.

segunda-feira, 20 de fevereiro de 2012

Colombia/Protestas contra la Vale dejan una persona muerta y varias heridas

17 febrero 2012/ADITAL http://www.adital.com.br (Brasil)
Agência de Informação Frei Tito para América Latina

Natasha Pitts
Periodista de Adital

Desde el pasado martes (14), hay un clima de tensión en La Loma y Plan Bonito, localidades situadas en el departamento del Cesar, en Colombia. La causa son las manifestaciones contrarias a la presencia de la Vale, una de las empresas mineras más grandes del mundo, con sede en Brasil y con explotaciones mineras en 38 países. Cansada de esperar promesas que no se están cumpliendo, la población de estas ciudades decidió demandar atención. Hasta el momento, el saldo es un policía muerto y varios heridos, además de carros y casas incendiadas.

Según Danilo Chammas, de la Organización ‘Justicia en los Trillos’, informaciones provenientes de Colombia señalan que el principal detonante de las reivindicaciones es la lentitud de las negociaciones para reasentar a tres comunidades.

Al llegar a la región para producir carbón térmico, la Vale había prometido reasentar a varias familias en lugares donde no fuesen afectadas por la minería, sin embargo, la promesa continúa sin realizarse. Por el hecho de continuar viviendo en lugares cerca de la mina, las personas están contrayendo enfermedades y sufriendo los efectos de la contaminación por sustancias tóxicas usadas en la explotación minera.

Las reivindicaciones comenzaron en Plan Bonito. Los manifestantes bloquearon la entrada y la línea férrea por la que es transportado del carbón térmico producido en la mina a cielo abierto ‘El Hatillo’. Más de cien camiones que transportaban toneladas del producto fueron paralizados, además de un tren con 135 vagones que cargaba aproximadamente 60 toneladas de carbón cada uno.

Al conocer estas acciones, los moradores de La Loma, también se organizaron para manifestar sus reivindicaciones, pero sus acciones terminaron en enfrentamientos, con la llegada de la policía anti-motines, grupo especial de choque de la Policía Nacional de Colombia.

Según Danilo, hasta ayer las protestas continuaban en esta ciudad. En cambio en Plan Bonito, informaciones recibidas dan cuenta que después de la negociación las manifestaciones cesaron.

La población reivindica que representantes brasileros de la Vale, lleguen a Colombia para negociar, pues argumentan que la Vale de Colombia no tiene poder para tomar decisiones. Tampoco aceptan la intermediación del gobierno, que operaba a través del Fondo Nacional de Desarrollo (Fonade), ya que quieren tratar directamente con la empresa minera, porque es esta empresa, la que no ha cumplido con los plazos y los exigencias de la población.

Además de la reubicación, los manifestantes piden la clausura del vertedero de desechos de la mina y que la empresa comience a realizar los rellenos sanitarios. También están exigiendo el fin del corte de los eucaliptos, ya que esta vegetación constituye la única protección del medio ambiente en la región. Otra demanda es capacitación y oportunidades de empleo para la población local.

Además de la mina El Hatillo, que ocupa una superficie de 9693 hectáreas, La Vale también opera el Puerto de Río Córdoba, en la costa caribeña, en el departamento del Magdalena.

No solo en Colombia, sino en todo el mundo los afectados por la Vale están manifestando su insatisfacción. De acuerdo con ‘Justicia en los Trillos’, desde enero de este año hubo prácticamente una protesta cada semana contra la compañía. Hubo manifestaciones populares en Açailândia y Buriticupu (Maranhão, Brasil), Cateme (Mozambique), en Sudbury (Canadá) y Morowali (Indonesia).

A fines de enero, salió el resulta de la Public Eye Awards, considerado el "Nobel" de la vergüenza corporativa mundial – y la Vale fue electa como la peor corporación del mundo. La votación popular toma en cuenta los problemas ambientales, sociales y laborales provocados por las empresas. El vergonzoso premio es entregado durante el Foro Económico Mundial, en la ciudad suiza de Davos. 

Con informaciones de Justicia sobre Trillos.

segunda-feira, 21 de junho de 2010

Portugal/DE COMO A PERSONAGEM FOI MESTRE E O AUTOR SEU APRENDIZ

19 junho 2010/Odiário. info http://www.odiario.info

José Saramago

De mais de uma centena de escritores que receberam o Prémio Nobel somente alguns, não muitos, resistiram ao desgaste do tempo. A obra da maioria foi rapidamente esquecida. José Saramago é uma das excepções. Os seus livros continuarão a marcar sucessivas gerações. Ele soube, como raros artistas, descer às raízes da condição humana e transmitir, a grandeza e as misérias, a angústia, a alegria e o medo que acompanham a aventura absurda da vida. Na certeza de que a sua mensagem vai permanecer, publicamos hoje o discurso humanista que o escritor pronunciou em Estocolmo, ao receber o Prémio Nobel.

O homem mais sábio que conheci em toda a minha vida não sabia ler nem escrever. Às quatro da madrugada, quando a promessa de um novo dia ainda vinha em terras de França, levantava-se da enxerga e saía para o campo, levando ao pasto a meia dúzia de porcas de cuja fertilidade se alimentavam ele e a mulher. Viviam desta escassez os meus avós maternos, da pequena criação de porcos que, depois do desmame, eram vendidos aos vizinhos da aldeia. Azinhaga de seu nome, na província do Ribatejo. Chamavam-se Jerónimo Melrinho e Josefa Caixinha esses avós, e eram analfabetos um e outro. No Inverno, quando o frio da noite apertava ao ponto de a água dos cântaros gelar dentro da casa, iam buscar às pocilgas os bácoros mais débeis e levavam-nos para a sua cama. Debaixo das mantas grosseiras, o calor dos humanos livrava os animaizinhos do enregelamento e salvava-os de uma morte certa. Ainda que fossem gente de bom carácter, não era por primores de alma compassiva que os dois velhos assim procediam: o que os preocupava, sem sentimentalismos nem retóricas, era proteger o seu ganha-pão, com a naturalidade de quem, para manter a vida, não aprendeu a pensar mais do que o indispensável. Ajudei muitas vezes este meu avô Jerónimo nas suas andanças de pastor, cavei muitas vezes a terra do quintal anexo à casa e cortei lenha para o lume, muitas vezes, dando voltas e voltas à grande roda de ferro que accionava a bomba, fiz subir a água do poço comunitário e a transportei ao ombro, muitas vezes, às escondidas dos guardas das searas, fui com a minha avó, também pela madrugada, munidos de ancinho, panal e corda, a recolher nos restolhos a palha solta que depois haveria de servir para a cama do gado.

E algumas vezes, em noites quentes de Verão, depois da ceia, meu avô me disse: “José, hoje vamos dormir os dois debaixo da figueira”. Havia outras duas figueiras, mas aquela, certamente por ser a maior, por ser a mais antiga, por ser a de sempre, era, para toda as pessoas da casa, a figueira. Mais ou menos por antonomásia, palavra erudita que só muitos anos depois viria a conhecer e a saber o que significava… No meio da paz nocturna, entre os ramos altos da árvore, uma estrela aparecia-me, e depois, lentamente, escondia-se por trás de uma folha, e, olhando eu noutra direcção, tal como um rio correndo em silêncio pelo céu côncavo, surgia a claridade opalescente da Via Láctea, o Caminho de Santiago, como ainda lhe chamávamos na aldeia. Enquanto o sono não chegava, a noite povoava-se com as histórias e os casos que o meu avô ia contando: lendas, aparições, assombros, episódios singulares, mortes antigas, zaragatas de pau e pedra, palavras de antepassados, um incansável rumor de memórias que me mantinha desperto, ao mesmo tempo que suavemente me acalentava. Nunca pude saber se ele se calava quando se apercebia de que eu tinha adormecido, ou se continuava a falar para não deixar em meio a resposta à pergunta que invariavelmente lhe fazia nas pausas mais demoradas que ele calculadamente metia no relato: “E depois?”. Talvez repetisse as histórias para si próprio, quer fosse para não as esquecer, quer fosse para as enriquecer com peripécias novas. Naquela idade minha e naquele tempo de nós todos, nem será preciso dizer que eu imaginava que o meu avô Jerónimo era senhor de toda a ciência do mundo. Quando, à primeira luz da manhã, o canto dos pássaros me despertava, ele já não estava ali, tinha saído para o campo com os seus animais, deixando-me a dormir. Então levantava-me, dobrava a manta e, descalço (na aldeia andei sempre descalço até aos 14 anos), ainda com palhas agarradas ao cabelo, passava da parte cultivada do quintal para a outra onde se encontravam as pocilgas, ao lado da casa. Minha avó, já a pé antes do meu avô, punha-me na frente uma grande tigela de café com pedaços de pão e perguntava-me se tinha dormido bem. Se eu lhe contava algum mau sonho nascido das histórias do avô, ela sempre me tranquilizava: “Não faças caso, em sonhos não há firmeza”. Pensava então que a minha avó, embora fosse também uma mulher muito sábia, não alcançava as alturas do meu avô, esse que, deitado debaixo da figueira, tendo ao lado o neto José, era capaz de pôr o universo em movimento apenas com duas palavras. Foi só muitos anos depois, quando o meu avô já se tinha ido deste mundo e eu era um homem feito, que vim a compreender que a avó, afinal, também acreditava em sonhos. Outra coisa não poderia significar que, estando ela sentada, uma noite, à porta da sua pobre casa, onde então vivia sozinha, a olhar as estrelas maiores e menores por cima da sua cabeça, tivesse dito estas palavras: “O mundo é tão bonito, e eu tenho tanta pena de morrer”. Não disse medo de morrer, disse pena de morrer, como se a vida de pesado e contínuo trabalho que tinha sido a sua estivesse, naquele momento quase final, a receber a graça de uma suprema e derradeira despedida, a consolação da beleza revelada. Estava sentada à porta de uma casa como não creio que tenha havido alguma outra no mundo porque nela viveu gente capaz de dormir com porcos como se fossem os seus próprias filhos, gente que tinha pena de ir-se da vida só porque o mundo era bonito, gente, e este foi o meu avô Jerónimo, pastor e contador de histórias, que, ao pressentir que a morte o vinha buscar, foi despedir-se das árvores do seu quintal, uma por uma, abraçando-se a elas e chorando porque sabia que não as tornaria a ver.

Muitos anos depois, escrevendo pela primeira vez sobre este meu avô Jerónimo e esta minha avó Josefa (faltou-me dizer que ela tinha sido, no dizer de quantos a conheceram quando rapariga, de uma formosura invulgar), tive consciência de que estava a transformar as pessoas comuns que eles haviam sido em personagens literárias e que essa era, provavelmente, a maneira de não os esquecer, desenhando e tornando a desenhar os seus rostos com o lápis sempre cambiante da recordação, colorindo e iluminando a monotonia de um quotidiano baço e sem horizontes, como quem vai recriando, por cima do instável mapa da memória, a irrealidade sobrenatural do país em que decidiu passar a viver. A mesma atitude de espírito que, depois de haver evocado a fascinante e enigmática figura de um certo bisavô berbere, me levaria a descrever mais ou menos nestes termos um velho retrato (hoje já com quase oitenta anos) onde os meus pais aparecem: “Estão os dois de pé, belos e jovens, de frente para o fotógrafo, mostrando no rosto uma expressão de solene gravidade que é talvez temor diante da câmara, no instante em que a objectiva vai fixar, de um e de outro, a imagem que nunca mais tornarão a ter, porque o dia seguinte será implacavelmente outro dia… Minha mãe apoia o cotovelo direito numa alta coluna e segura na mão esquerda, caída ao longo do corpo, uma flor. Meu pai passa o braço por trás das costas de minha mãe e a sua mão calosa aparece sobre o ombro dela como uma asa. Ambos pisam acanhados um tapete de ramagens. A tela que serve de fundo postiço ao retrato mostra umas difusas e incongruentes arquitecturas neoclássicas”. E terminava: “Um dia tinha de chegar em que contaria estas coisas. Nada disto tem importância, a não ser para mim. Um avô berbere, vindo do Norte de África, um outro avô pastor de porcos, uma avó maravilhosamente bela, uns pais graves e formosos, uma flor num retrato - que outra genealogia pode importar-me? a que melhor árvore me encontraria?”

Escrevi estas palavras há quase trinta anos, sem outra intenção que não fosse reconstituir e registar instantes da vida das pessoas que me geraram e que mais perto de mim estiveram, pensando que nada mais precisaria de explicar para que se soubesse de onde venho e de que materiais se fez a pessoa que comecei por ser e esta em que pouco a pouco me vim tornando. Afinal, estava enganado, a biologia não determina tudo, e, quanto à genética, muito misteriosos deverão ter sido os seus caminhos para terem dado uma volta tão larga… À minha árvore genealógica (perdoe-se-me a presunção de a designar assim, sendo tão minguada a substância da sua seiva) não faltavam apenas alguns daqueles ramos que o tempo e os sucessivos encontros da vida vão fazendo romper do tronco central, também lhe faltava quem ajudasse as suas raízes a penetrar até às camadas subterrâneas mais fundas, quem apurasse a consistência e o sabor dos seus frutos, quem ampliasse e robustecesse a sua copa para fazer dela abrigo de aves migrantes e amparo de ninhos. Ao pintar os meus pais e os meus avós com tintas de literatura, transformando-os, de simples pessoas de carne e osso que haviam sido, em personagens novamente e de outro modo construtoras da minha vida, estava, sem o perceber, a traçar o caminho por onde as personagens que viesse a inventar, as outras, as efectivamente literárias, iriam fabricar e trazer-me os materiais e as ferramentas que, finalmente, no bom e no menos bom, no bastante e no insuficiente, no ganho e no perdido, naquilo que é defeito mas também naquilo que é excesso, acabariam por fazer de mim a pessoa em que hoje me reconheço: criador dessas personagens, mas, ao mesmo tempo, criatura delas. Em certo sentido poder-se-á mesmo dizer que, letra a letra, palavra a palavra, página a página, livro a livro, tenho vindo, sucessivamente, a implantar no homem que fui as personagens que criei. Creio que, sem elas, não seria a pessoa que hoje sou, sem elas talvez a minha vida não tivesse logrado ser mais do que um esboço impreciso, uma promessa como tantas outras que de promessa não conseguiram passar, a existência de alguém que talvez pudesse ter sido e afinal não tinha chegado a ser.

Agora sou capaz de ver com clareza quem foram os meus mestres de vida, os que mais intensamente me ensinaram o duro ofício de viver, essas dezenas de personagens de romance e de teatro que neste momento vejo desfilar diante dos meus olhos, esses homens e essas mulheres feitos de papel e tinta, essa gente que eu acreditava ir guiando de acordo com as minhas conveniências de narrador e obedecendo à minha vontade de autor, como títeres articulados cujas acções não pudessem ter mais efeito em mim que o peso suportado e a tensão dos fios com que os movia. Desses mestres, o primeiro foi, sem dúvida, um medíocre pintor de retratos que designei simplesmente pela letra H., protagonista de uma história a que creio razoável chamar de dupla iniciação (a dele, mas também, de algum modo, do autor do livro), intitulada Manual de Pintura e Caligrafia, que me ensinou a honradez elementar de reconhecer e acatar, sem ressentimento nem frustração, os meus próprios limites: não podendo nem ambicionando aventurar-me para além do meu pequeno terreno de cultivo, restava-me a possibilidade de escavar para o fundo, para baixo, na direcção das raízes. As minhas, mas também as do mundo, se podia permitir-me uma ambição tão desmedida. Não me compete a mim, claro está, avaliar o mérito do resultado dos esforços feitos, mas creio ser hoje patente que todo o meu trabalho, de aí para diante, obedeceu a esse propósito e a esse princípio.

Vieram depois os homens e as mulheres do Alentejo, aquela mesma irmandade de condenados da terra a que pertenceram o meu avô Jerónimo e a minha avó Josefa, camponeses rudes obrigados a alugar a força dos braços a troco de um salário e de condições de trabalho que só mereceriam o nome de infames, cobrando por menos que nada a vida a que os seres cultos e civilizados que nos prezamos de ser apreciamos chamar, segundo as ocasiões, preciosa, sagrada ou sublime. Gente popular que conheci, enganada por uma Igreja tão cúmplice como beneficiária do poder do Estado e dos terratenentes latifundistas, gente permanentemente vigiada pela policia, gente, quantas e quantas vezes, vítima inocente das arbitrariedades de uma justiça falsa. Três gerações de uma família de camponeses, os Mau-Tempo, desde o começo do século até a Revolução de Abril de 1974 que derrubou a ditadura, passam nesse romance a que dei o título de Levantado do Chão, e foi com tais homens e mulheres do chão levantados, pessoas reais primeiro, figuras de ficção depois, que aprendi a ser paciente, a confiar e a entregar-me ao tempo, a esse tempo que simultaneamente nos vai construindo e destruindo para de novo nos construir e outra vez nos destruir. Só não tenho a certeza de haver assimilado de maneira satisfatória aquilo que a dureza das experiências tornou virtude nessas mulheres e nesses homens: uma atitude naturalmente estóica perante a vida. Tendo em conta, porém, que a lição recebida, passados mais de vinte anos, ainda permanece intacta na minha memória, que todos os dias a sinto presente no meu espírito como uma insistente convocatória, não perdi, até agora, a esperança de me vir a tornar um pouco mais merecedor da grandeza dos exemplos de dignidade que me foram propostos na imensidão das planícies do Alentejo. O tempo o dirá.

Que outras lições poderia eu receber de um português que viveu no século XVI que compôs as “Rimas” e as glórias, os naufrágios e os desencantos pátrios de “Os Lusíadas”, que foi um génio poético absoluto, o maior da nossa literatura, por muito que isso pese a Fernando Pessoa, que a si mesmo se proclamou como o Super-Camões dela? Nenhuma lição que estivesse à minha medida, nenhuma lição que eu fosse capaz de aprender, salvo a mais simples que me poderia ser oferecida pelo homem Luís Vaz de Camões na sua estreme humanidade, por exemplo, a humildade orgulhosa de um autor que vai chamando a todas as portas à procura de quem esteja disposto a publicar-lhe o livro que escreveu, sofrendo por isso o desprezo dos ignorantes de sangue e de casta, a indiferença desdenhosa de um rei e da sua companhia de poderosos, o escárnio com que desde sempre o mundo tem recebido a visita dos poetas, dos visionários e dos loucos. Ao menos uma vez na vida todos os autores tiveram ou terão de ser Luís de Camões, mesmo se não escreverem as redondilhas de “Sôbolos rios”… Entre fidalgos da corte e censores do Santo Ofício, entre os amores de antanho e as desilusões da velhice prematura, entre a dor de escrever e a alegria de ter escrito, foi a este homem doente que regressa pobre da Índia, aonde muitos só iam para enriquecer, foi a este soldado cego de um olho e golpeado na alma, foi a este sedutor sem fortuna que não voltará nunca mais a perturbar os sentidos das damas do paço, que eu pus a viver no palco da peça teatro chamada Que farei com este livro?, em cujo final ecoa uma outra pergunta, aquela que importa verdadeiramente, aquela que nunca saberemos se alguma vez chegará a ter resposta suficiente: “Que fareis com este livro?”. Humildade orgulhosa, foi essa de levar debaixo do braço uma obra-prima e ver-se injustamente enjeitado pelo mundo. Humildade orgulhosa também, e obstinada, esta de querer saber para que irão servir amanhã os livros que andamos a escrever hoje, e logo duvidar que consigam perdurar longamente (até quando?) as razões tranquilizadoras que acaso nos estejam a ser dadas ou que estejamos a dar a nós próprios. Ninguém melhor se engana que quando consente que o enganem os outros…
Aproximam-se agora um homem que deixou a mão esquerda na guerra e uma mulher que veio ao mundo com o misterioso poder de ver o que há por trás da pele das pessoas. Ele chama-se Baltasar Mateus e tem a alcunha de Sete-Sóis, a ela conhecem-na pelo nome de Blimunda, e também pelo apodo de Sete-Luas que lhe foi acrescentado depois, porque está escrito que onde haja um sol terá de haver uma lua, e que só a presença conjunta e harmoniosa de um e do outro tornará habitável, pelo amor, a terra. Aproxima-se também um padre jesuíta chamado Bartolomeu que inventou uma máquina capaz de subir ao céu e voar sem outro combustível que não seja a vontade humana, essa que, segundo se vem dizendo, tudo pode, mas que não pôde, ou não soube, ou não quis, até hoje, ser o sol e a lua da simples bondade ou do ainda mais simples respeito. São três loucos portugueses do século XVIII, num tempo e num país onde floresceram as superstições e as fogueiras da Inquisição, onde a vaidade e a megalomania de um rei fizeram erguer um convento, um palácio e uma basílica que haveriam de assombrar o mundo exterior, no caso pouco provável de esse mundo ter olhos bastantes para ver Portugal, tal como sabemos que os tinha Blimunda para ver o que escondido estava… E também se aproxima uma multidão de milhares e milhares de homens com as mãos sujas e calosas, com o corpo exausto de haver levantado, durante anos a fio, pedra a pedra, os muros implacáveis do convento, as salas enormes do palácio, as colunas e as pilastras, as aéreas torres sineiras, a cúpula da basílica suspensa sobre o vazio. Os sons que estamos a ouvir são do cravo de Domenico Scarlatti, que não sabe se deve rir ou chorar… Esta é a história de Memorial do Convento, um livro em que o aprendiz de autor, graças ao que lhe vinha sendo ensinado desde o antigo tempo dos seus avós Jerónimo e Josefa, já conseguiu escrever palavras como estas, donde não está ausente alguma poesia: “Além da conversa das mulheres, são os sonhos que seguram o mundo na sua órbita. Mas são também os sonhos que lhe fazem uma coroa de luas, por isso o céu é o resplendor que há dentro da cabeça dos homens, se não é a cabeça dos homens o próprio e único céu”. Que assim seja.

De lições de poesia sabia já alguma coisa o adolescente, aprendidas nos seus livros de texto quando, numa escola de ensino profissional de Lisboa, andava a preparar-se para o ofício que exerceu no começo da sua vida de trabalho: o de serralheiro mecânico. Teve também bons mestres de arte poética nas longas horas nocturnas que passou em bibliotecas públicas, lendo ao acaso de encontros e de catálogos, sem orientação, sem alguém que o aconselhasse com o mesmo assombro criador do navegante que vai inventando cada lugar que descobre. Mas foi na biblioteca da escola industrial que O Ano da Morte de Ricardo Reis começou a ser escrito… Ali encontrou um dia o jovem aprendiz de serralheiro (teria então 17 anos) uma revista - “Atena” era o título - em que havia poemas assinados com aquele nome e, naturalmente, sendo tão mau conhecedor da cartografia literária do seu país pensou que existia em Portugal um poeta que se chamava assim: Ricardo Reis. Não tardou muito tempo, porém, a saber que o poeta propriamente dito tinha sido um tal Fernando Nogueira Pessoa que assinava poemas com nomes de poetas inexistentes nascidos na sua cabeça e a que chamava heterónimos, palavra que não constava dos dicionários da época, por isso custou tanto trabalho ao aprendiz de letras saber o que ela significava. Aprendeu de cor muitos poemas de Ricardo Reis (”Para ser grande sê inteiro/Põe quanto és no mínimo que fazes”), mas não podia resignar-se, apesar de tão novo e ignorante, que um espírito superior tivesse podido conceber, sem remorso este verso cruel: “Sábio é o que se contenta com o espectáculo do mundo”. Muito, muito tempo depois, o aprendiz, já de cabelos brancos e um pouco mais sábio das suas próprias sabedorias, atreveu-se a escrever um romance para mostrar ao poeta das “Odes” alguma coisa do que era o espectáculo do mundo nesse ano de 1936 em que o tinha posto a viver os seus últimos dias: a ocupação da Renânia pelo exército nazista, a guerra de Franco contra a República espanhola, a criação por Salazar das milícias fascistas portuguesas. Foi como se estivesse a dizer-lhe: “Eis o espectáculo do mundo, meu poeta das amarguras serenas e do cepticismo elegante. Desfruta, goza, contempla, já que estar sentado é a tua sabedoria…”

O Ano da Morte de Ricardo Reis terminava com umas palavras melancólicas: “Aqui, onde o mar se acabou e a terra espera”. Portanto, não haveria mais descobrimentos para Portugal, apenas como destino uma espera infinita de futuros nem aos menos inimagináveis: só o fado do costume, a saudade de sempre, e pouco mais… Foi então que o aprendiz imaginou que talvez houvesse ainda uma maneira de tornar a lançar os barcos à água, por exemplo, mover a própria terra e pô-la a navegar pelo mar fora. Fruto imediato do ressentimento colectivo português pelos desdéns históricos de Europa (mais exacto seria dizer fruto de um meu ressentimento pessoal…), o romance que então escrevi – Jangada de Pedra – separou do continente europeu toda a Península Ibérica para a transformar numa grande ilha flutuante, movendo-se sem remos, nem velas, nem hélices em direcção ao Sul do mundo, “massa de pedra e terra, coberta de cidades, aldeias, rios, bosques, fábricas, matos bravios, campos cultivados, com a sua gente e os seus animais”, a caminho de uma utopia nova: o encontro cultural dos povos peninsulares com os povos do outro lado do Atlântico, desafiando assim, a tanto a minha estratégia se atreveu, o domínio sufocante que os Estados Unidos da América do Norte vêm exercendo naquelas paragens… Uma visão duas vezes utópica entenderia esta ficção política como uma metáfora muito mais géneros e humana: que a Europa, toda ela, deverá deslocar-se para o Sul, a fim de, em desconto dos seus abusos colonialistas antigos e modernos, ajudar a equilibrar o mundo. Isto é, Europa finalmente como ética. As personagens da Jangada de Pedra – duas mulheres , três homens e um cão – viajam incansavelmente através da península enquanto ela vai sulcando o oceano. O mundo está a mudar e eles sabem que devem procurar em si mesmos as pessoas novas em que irão tornar-se (sem esquecer o cão, que não é um cão como os outros…). Isso lhes basta.

Lembrou-se então o aprendiz de que em tempos da sua vida havia feito algumas revisões de provas de livros e que se na Jangada de Pedra tinha, por assim dizer, revisado o futuro, não estaria mal que revisasse agora o passado, inventando um romance que se chamaria História do Cerco de Lisboa, no qual um revisor, revendo um livro do mesmo título, mas de História, e cansado de ver como a dita História cada vez é menos capaz de surpreender, decide pôr no lugar de um “sim” um “não”, subvertendo a autoridade das “verdades históricas”. Raimundo Silva, assim se chama o revisor, é um homem simples, vulgar, que só se distingue da maioria por acreditar que todas as coisas têm o seu lado visível e o seu lado invisível e que não saberemos nada delas enquanto não lhes tivermos dado a volta completa. De isso precisamente se trata numa conversa que ele tem com o historiador. Assim: “Recordo-lhe que os revisores já viram muito de literatura e vida, O meu livro, recordo-lhe eu, é de história, Não sendo propósito meu apontar outras contradições, senhor doutor, em minha opinião tudo quanto não for vida é literatura, A história também. A história sobretudo, sem querer ofender, E a pintura, e a música, A música anda a resistir desde que nasceu, ora vai, ora vem, quer livrar-se da palavra, suponho que por inveja, mas regressa sempre à obediência, E a pintura, Ora, a pintura não é mais do que literatura feita com pincéis, Espero que não esteja esquecido de que a humanidade começou a pintar muito antes de saber escrever, Conhece o rifão, se não tens cão caça com o gato, ou, por outras palavras, quem não pode escrever, pinta, ou desenha, é o que fazem as crianças, O que você quer dizer, por outras palavras, é que a literatura já existia antes de ter nascido, Sim senhor, como o homem, por outras palavras, antes de o ser já o era, Quer-me parecer que você errou a vocação, devia era ser historiador, Falta-me o preparo, senhor doutor, que pode um simples homem fazer sem o preparo, muita sorte já foi ter vindo ao mundo com a genética arrumada, mas, por assim dizer, em estado bruto, e depois não mais polimento que primeiras letras que ficaram únicas, Podia apresentar-se como autodidacta, produto do seu próprio e digno esforço, não é vergonha nenhuma, antigamente a sociedade tinha orgulho nos seus autodidactas, Isso acabou, veio o desenvolvimento e acabou, os autodidactas são vistos com maus olhos, só os que escrevem versos e histórias para distrair é que estão autorizados a ser autodidactas, mas eu para a criação literária nunca tive jeito, Então, meta-se a filósofo, O senhor doutor é um humorista, cultiva a ironia, chego a perguntar-me como se dedicou à história, sendo ela tão grave e profunda ciência, Sou irónico apenas na vida real, Bem me queria a mim parecer que a história não é a vida real, literatura, sim, e nada mais, Mas a história foi vida real no tempo em que ainda não se lhe poderia chamar história, Então o senhor doutor acha que a história e a vida real, Acho, sim, Que a história foi vida real, quero dizer, Não tenho a menor dúvida, Que seria de nós se o deleatur que tudo apaga não existisse, suspirou o revisor”. Escusado será acrescentar que o aprendiz aprendeu com Raimundo Silva a lição da dúvida. Já não era sem tempo.

Ora, foi provavelmente esta aprendizagem da dúvida que o levou, dois anos mais tarde, a escrever O Evangelho segundo Jesus Cristo. É certo, e ele tem-no dito, que as palavras do título lhe surgiram por efeito de uma ilusão de óptica, mas é legítimo interrogar-nos se não teria sido o sereno exemplo do revisor o que, nesse meio tempo, lhe andou a preparar o terreno de onde haveria de brotar o novo romance. Desta vez não se tratava de olhar por trás das páginas do “Novo Testamento” à procura de contrários, mas sim de iluminar com uma luz rasante a superfície delas, como se faz a uma pintura, de modo a fazer-lhe ressaltar os relevos, os sinais de passagem, a obscuridade das depressões. Foi assim que o aprendiz, agora rodeado de personagens evangélicas, leu, como se fosse a primeira vez, a descrição da matança dos Inocentes, e, tendo lido, não compreendeu. Não compreendeu que já pudesse haver mártires numa religião que ainda teria de esperar trinta anos para que o seu fundador pronunciasse a primeira palavra dela, não compreendeu que não tivesse salvado a vida das crianças de Belém precisamente a única pessoa que o poderia ter feito, não compreendeu a ausência, em José, de um sentimento mínimo de responsabilidade, de remorso, de culpa, ou sequer de curiosidade, depois de voltar do Egipto com a família. Nem se poderá argumentar, em defesa da causa, que foi necessário que as crianças de Belém morressem para que pudesse salvar-se a vida de Jesus: o simples senso comum, que a todas as coisas, tanto às humanas como às divinas, deveria presidir, aí está para nos recordar que Deus não enviaria o seu Filho à terra, de mais a mais com o encargo de redimir os pecados da humanidade, para que ele viesse a morrer aos dois anos de idade degolado por um soldado de Herodes… Nesse “Evangelho”, escrito pelo aprendiz com o respeito que merecem os grandes dramas, José será consciente da sua culpa, aceitará o remorso em castigo da falta que cometeu e deixar-se-á levar à morte quase sem resistência, como se isso lhe faltasse ainda para liquidar as suas contas com o mundo. O “Evangelho” do aprendiz não é, portanto, mais uma lenda edificante de bem-aventurados e de deuses, mas a história de uns quantos seres humanos sujeitos a um poder contra o qual lutam, mas que não podem vencer. Jesus, que herdará as sandálias com que o pai tinha pisado o pó dos caminhos da terra, também herdará dele o sentimento trágico da responsabilidade e da culpa que nunca mais o abandonará, nem mesmo quando levantar a voz do alto da cruz: “Homens, perdoai-lhe porque ele não sabe o que fez”, por certo referindo-se ao Deus que o levara até ali, mas quem sabe se recordando ainda, nessa agonia derradeira, o seu pai autêntico, aquele que, na carne e no sangue, humanamente o gerara. Como se vê, o aprendiz já tinha feito uma larga viagem quando no seu herético “Evangelho” escreveu as últimas palavras do diálogo no templo entre Jesus e o escriba: “A culpa é um lobo que come o filho depois de ter devorado o pai, disse o escriba, Esse lobo de que falas já comeu o meu pai, disse Jesus, Então só falta que te devore a ti, E tu, na tua vida, foste comido, ou devorado, Não apenas comido e devorado, mas vomitado, respondeu o escriba”.

Se o imperador Carlos Magno não tivesse estabelecido no Norte da Alemanha um mosteiro, se esse mosteiro não tivesse dado origem à cidade de Münster, se Münster não tivesse querido assinalar os mil e duzentos anos da sua fundação com uma ópera sobre a pavorosa guerra que enfrentou no século XVI protestantes anabaptistas e católicos, o aprendiz não teria escrito a peça de teatro a que chamou In Nomine Dei. Uma vez mais, sem outro auxílio que a pequena luz da sua razão, o aprendiz teve de penetrar no obscuro labirinto das crenças religiosas, essas que com tanta facilidade levam os seres humanos a matar e a deixar-se matar. E o que viu foi novamente a máscara horrenda da intolerância, uma intolerância que em Münster atingiu o paroxismo demencial, uma intolerância que insultava a própria causa que ambas as partes proclamavam defender. Porque não se tratava de uma guerra em nome de dois deuses inimigos, mas de uma guerra em nome de um mesmo deus. Cegos pelas suas próprias crenças, os anabaptistas e os católicos de Münster não foram capazes de compreender a mais clara de todas as evidências: no dia do Juízo Final, quando uns e outros se apresentarem a receber o prémio ou o castigo que mereceram as suas acções na terra, Deus, se em suas decisões se rege por algo parecido à lógica humana, terá de receber no paraíso tanto a uns como aos outros, pela simples razão de que uns e outros nele crêem. A terrível carnificina de Münster ensinou ao aprendiz que, ao contrário do que prometeram, as religiões nunca serviram para aproximar os homens, e que a mais absurda de todas as guerras é uma guerra religiosa, tendo em consideração que Deus não pode, ainda que o quisesse, declarar guerra a si próprio…

Cegos. O aprendiz pensou: “Estamos cegos”, e sentou-se a escrever o Ensaio sobre a Cegueira para recordar a quem o viesse a ler que usamos perversamente a razão quando humilhamos a vida, que a dignidade do ser humano é todos os dias insultada pelos poderosos do nosso mundo, que a mentira universal tomou o lugar das verdades plurais, que o homem deixou de respeitar-se a si mesmo quando perdeu o respeito que devia ao seu semelhante. Depois, o aprendiz, como se tentasse exorcizar os monstros engendrados pela cegueira da razão, pôs-se a escrever a mais simples de todas as histórias: uma pessoa que vai à procura de outra pessoa apenas porque compreendeu que a vida não tem nada mais importante que pedir a um ser humano. O livro chama-se “Todos os Nomes”. Não escritos, todos os nossos nomes estão lá. Os nomes dos vivos e os nomes dos mortos.

Termino. A voz que leu estas páginas quis ser o eco das vozes conjuntas das minhas personagens. Não tenho, a bem dizer, mais voz que a voz que elas tiverem. Perdoai-me se vos pareceu pouco isto que para mim é tudo.

Estocolmo, 7 de Outubro de 1998

quarta-feira, 2 de setembro de 2009

Naciones Unidas/D'Escoto critica a Obama por bases en Colombia y crisis política en Honduras

1 septiembre 2009TeleSUR http://www.telesurtv.net

El presidente de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Miguel D'Escoto, criticó este martes al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por el acuerdo que permite la instalación de siete bases militares estadounidenses en Colombia y por no hacer más para solucionar la crisis en Honduras.

"Eso es un retroceso" y "no es algo que incumbe única y exclusivamente a Colombia. Tenemos el derecho de formular críticas, porque constituye una amenaza a la paz en nuestra región", dijo D'Escoto a la prensa, en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

D'Escoto opinó que Obama "no es el cambio creíble que estábamos esperando" en Estados Unidos.

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Cuba/D'Escoto intercederá por los cinco antiterroristas cubanos ante EE.UU.

1 septiembre 2009TeleSUR http://www.telesurtv.net

Autoridades estadounidenses mantienen en prisión desde 1998 a cinco cubanos que en una oportunidad denunciaron la preparación de actividades terroristas en Florida contra su nación. Miles de voces se han alzado en el mundo entre ellas, 10 premios nobeles, para pedir un juicio justo, solicitud que es truncada por la Corte al dejar intactas sus sentencias.

El presidente de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Miguel D'Escoto, durante la visita oficial de cuatro días que inició este martes en Cuba, anunció que intercederá ante la administración estadounidense por los cinco antiterroristas encarcelados con largas condenas en ese país desde 1998.

"Voy a hacer todo lo posible ante el presidente Obama (...) acabamos de recibir una carta pidiendo la posibilidad de visita carcelaria" para dos de las esposas de los cinco presos, comentó D'Escoto.

"El presidente Obama ganó las elecciones en Estados Unidos en base a una consigna de cambio, y de cambios creíble, pero con respecto a este caso, ese cambio no se ve", denunció.

Obama "puede sin necesidad de ir a ningún tribunal inmediatamente corregir esta aberración jurídica, se ha proyectado como el presidente de la esperanza", dijo.

Sus declaraciones se produjeron tras reunirse con los familiares en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

Desde el 12 de septiembre de 1998 Fernando González, Antonio Guerrero, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González están privados de su libertad en Estados Unidos (EE.UU.) por estar acusados de espionaje.

Los agentes se encontraban en la sureña ciudad de Florida en una misión cuyo objetivo era informar a su país sobre acciones terroristas preparadas contra la isla.

Miguel D'Escoto consideró como una "meta urgente" lograr que Adriana Pérez, esposa de Gerardo Hernández, y Olga Salanueva, de René González, puedan visitar a sus cónyugues, a los que no ven desde 1998 y 2001, respectivamente.

Paralelo a las declaraciones de D'Escoto, el embajador cubano ante la ONU, Abelardo Moreno, exigió este martes a la administración estadounidense la visa humanitaria para Adriana Pérez, tras la negativa de otorgársela.

Cuba acusó al gobierno del presidente, Barack Obama, de violar sus propias leyes y continuar las prácticas de su antecesor George Bush, por la acción contra Pérez.

D'Escoto informó que entregará a Obama un ejemplar en inglés del libro "Cartas de amor y esperanza" y una misiva que le dieron las madres y esposas de los cinco cubanos, cuyo contenido no reveló.

"Ojala que responda a esta esperanza de las madres y las esposas" de los cinco, dijo el presidente de la Asamblea General de la ONU.

sábado, 14 de março de 2009

¿TREINTA AÑOS NO ES NADA? FIDEL VISLUMBRÓ LA CRISIS...

Wilkie Delgado Correa *

Adital - Fidel, el primero que vislumbró desde su atalaya la actual crisis capitalista global.

Agencia de Información Fray Tito para América Latina (ADITAL)

13 marzo 2009/ADITAL http://www.adital.org.br

Desde hace más de treinta años venían surgiendo en el horizonte los indicios de tornados y tormentas, en fin, fenómenos y hechos que presagiaban la aparición de crisis significativas, que más tarde se manifestaron con sus características particulares a nivel de naciones o regiones. Ya para los años de la década de los ochenta la crisis de la deuda externa de los países pobres cobraba preeminencia junto con el fenómeno del armamentismo de los Estados Unidos y los países aliados y un rosario de otros problemas derivados del injusto orden económico internacional imperante con su intercambio desigual y la implantación de políticas monetarias, financieras y comerciales, integrados luego en el llamado modelo de la globalización neoliberal, que tomó su carácter de dogma del pensamiento político y económico, asumido igual que un dogma de fe religiosa, después de la caída estrepitosa del socialismo europeo en la década de los noventa.
Por tanto en los decenios del 80, 90 del pasado siglo y en los años siguientes del 2000, se fueron acumulando las causas y los factores que han conducido a la actual crisis económica capitalista, que tuvo su origen en los Estados Unidos y se ha expandido como un tsunami al resto del mundo.
Ante esta debacle económica en los Estados Unidos y en los principales países capitalistas, que ocasiona la amenaza de quiebra o la quiebra misma de grandes bancos y empresas, caída del crecimiento económico, contracción general en los mercados, desempleo galopante y tragedias sociales y humanas que afectan a millones de personas, todo el mundo ha comenzado a reaccionar. Los sorprendió lo que pudiera denominarse una muerte anunciada, una crisis o enfermedad del sistema que había sido prevista y anunciada por Fidel Castro desde hace treinta años. Sus previsiones se fueron enriqueciendo con cifras, hechos, argumentos y alertas que eran irrebatibles racionalmente.
Hoy los presidentes de los países industrializados tratan de salvar a sus bancos y a sus empresas, en fin, a sus economías y al sistema nacional y global con medidas que, aunque con variantes, echan mano de los recursos financieros acumulados por los Estados. Y los países del resto del mundo subdesarrollado tratan de prepararse para el pago de su cuota correspondiente ante esta crisis, que se convertirá también, quiéranlo o no, en sus crisis.
Hoy el FMI, Banco Monetario Internacional, instrumento del sistema capitalista para aplicar las políticas que han caído en el fracaso y el desprestigio, reconoce sentirse culpable por los errores cometidos a la hora de identificar las raíces de la crisis económica y no haber estado a la altura de su trabajo como principal supervisor del sistema financiero.
La realidad es que en la época del franco triunfalismo neoliberal, hubo ausencia de crítica sobre tal alarmante estado de cosas y de sus inevitables consecuencias. Sólo muy recientemente surgieron análisis que apuntaban hacia la crisis: George Soros publicó en 1999 su libro La crisis del capitalismo global. La sociedad abierta en peligro. También Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, publicó en el 2002 su obra el Malestar de la Globalización. Por supuesto que otros pensadores en el mundo abordaron aspectos diversos de este fenómeno, con percepciones diversas.
Pero, sin duda, corresponde a Fidel haber realizado, desde su atalaya visionaria, los mayores aportes fundamentados prolijamente, basados en análisis precisos e integrales de las cifras, los hechos y acontecimientos, con argumentos convincentes e irrebatibles. Sus aportes a las soluciones para evitar crisis mayores como la actual, sus alertas en sus intervenciones en Cumbres mundiales y en eventos internacionales, en discursos y entrevistas, constituyen verdaderas fuentes de conocimientos para valorar e interpretar las manifestaciones que hoy tiene la crisis global y entender que son la consecuencia de una acumulación de insensateces y locuras que se permitieron concebir, diseñar como modelos y dogmas y luego ponerlos en práctica a la fuerza, como un mandato divino, al resto del mundo.
La realidad que hoy vive el mundo, a pesar de constituir una noticia de todos los días y una experiencia traumática, una tragedia verdadera, que amenaza y golpea ya a millones de seres humanos, aún no se logra entender en toda su profundidad, urdimbre y matices, y menos en lo que se refiere a su evolución histórica durante largos años. Se imponen, pues, algunas precisiones.
Considero justo y de un valor extraordinario, exponer a los lectores, un resumen de las ideas de Fidel, utilizando como fuentes tres entrevistas en las cuales abordó fenómenos directos o relacionados con las pasadas crisis y la más reciente crisis global.
En la conversación con Tomás Borges que integra el libro UN GRANO DE MAÍZ, 1992, Fidel abordó el tema de la ideología capitalista de la "desideologización", con estas reflexiones: "Pienso que estamos viviendo en un mundo más ideologizado que nunca, sólo que se trata de un mundo donde se busca imponer la ideología del capitalismo, la ideología del imperialismo y, precisamente, hacer desaparecer del mapa político toda ideología que no coincida con esta ideología."
El neoliberalismo "intenta no sólo perpetuarlo, sino hacerlo todavía más cruel, más injusto y ordenar el mundo a la medida de los intereses de los Estados Unidos y de los países capitalistas desarrollados". "El neoliberalismo es la ideología del imperialismo en su fase de hegemonía mundial, ideas que intentan imponer a los demás países, pero el primero que no las aplica es Estados Unidos (…), que lo convierten en una máquina succionadora de divisas en el mercado mundial."
"Esa es la política que Estados Unidos está imponiendo a América Latina. ¿Qué porvenir les espera a estos pueblos Es algo insoportable, sencillamente. La vida se encargará de demostrar que eso es insoportable, y la vida se encargará de echar por tierra el prestigio actual de esas ideas capitalistas y de esas ideas neoliberales; la vida, la realidad, se impondrán (…)"
"(…) Es cuestión de tiempo, pues se trata de una enorme bomba de tiempo la que están armando en América Latina con esa política. ¿A qué vamos a esperar, a que todo estalle, para empezar a reflexionar acerca de estos problemas? No hay porvenir (…)"
Para concluir con este artículo introductorio, es claro que se esperó a que el sistema económico nacional, regional y global estallara y ahora es que se comienza a reaccionar, tardíamente, a fenómenos que eran previsibles, al menos desde la atalaya visionaria de Fidel. Los otros elementos de sus ideas, se expondrán en el próximo artículo sobre su visión de las crisis.

* Doctor em Ciências Médicas. Profesor de Mérito

http://www.adital.org.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=37730

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sábado, 11 de outubro de 2008

Francia/Nobel de Literatura 2008 admira las culturas indígenas americanas

Nacido el 13 de abril de 1940 en Niza (sur de Francia), está considerado uno de los maestros de la literatura francófona contemporánea, con una escritura clásica y aparentemente simple pero refinada y llena de color. Con 68 años de edad, reside desde hace tiempo en Albuquerque (Nuevo México, EEUU), con su esposa y sus dos hijas, disfrutando de algunas temporadas en Francia. Comentó que la mitad de la gente donde vive, habla español, por lo tanto la cultura latinoamericana ''tiene mucho pegue allí''.

9 octubre 2008/TeleSUR http://www.telesurtv.net

El escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, ganador este jueves del premio Nobel de Literatura, confiesa ser un gran admirador de la cultura hispanoamericana y especialmente de los indígenas de México, donde vivió doce años.

Horas después de recibir la noticia de su premiación, Le Clézio manifestó en rueda de prensa desde la sede de la Editorial Gallimard en París, que ha vivido doce años en México y ahora vive en Nuevo México. De esta experiencia, reconoce que siempre le ha gustado mucho la cultura hispanoamericana y especialmente las culturas de los indígenas de los dos últimos lugares que le han servido de residencia.

Nacido el 13 de abril de 1940, en Niza (sur de Francia), está considerado uno de los maestros de la literatura francófona contemporánea, con una escritura clásica y aparentemente simple pero refinada y llena de color. Con 68 años de edad, reside desde hace tiempo en Albuquerque (Nuevo México, EEUU), con su esposa y sus dos hijas, disfrutando de algunas temporadas en Francia. Comentó que la mitad de la gente donde vive, habla español, por lo tanto la cultura latinoamericana "tiene mucho pegue allí".

La Academia Sueca se decantó por Le Clézio porque es un "escritor de la ruptura, la aventura poética y el éxtasis sensual. Es un explorador de la humanidad más allá y por debajo de la civilización reinante".

El autor se declaró "muy emocionado" por el premio, en una entrevista en francés a la radio pública sueca. Le Clézio afirma deber mucho a México y a Panamá, donde vivió varios meses en 1970 cerca de los indios. "Esa experiencia cambió toda mi vida, mis ideas sobre el mundo del arte, mi manera de ser con los otros, de andar, de comer, de dormir, de amar y hasta de soñar", dijo una vez evocando esa época.

Le Clézio recordó su combate ecologista en defensa de las ballenas junto al poeta mexicano Homero Aridjis. "El poeta Homero Aridjis merece el Premio Nobel", estimó. "Mi mensaje es que hay que seguir leyendo y escribiendo novelas. El novelista no es un filósofo ni un técnico del lenguaje sino alguien que cuestiona el mundo con sus ficciones, alguien que plantea interrogantes", afirmó Le Clézio, quien se ha ganado la fama de ser reticente a la sociedad de consumo y de evitar los medios de comunicación.

El laureado escritor reveló que su escritura se inspira en una mezcla de "recuerdos de niño, impresiones de adulto y en lo que constato a cada instante. Para escribir es indispensable cierta ingenuidad y frescura".

El próximo 10 de diciembre, el autor recibirá un cheque de 10 millones de coronas suecas (más de un millón de euros), en la solemne ceremonia de entrega de los Nobel. En junio pasado Le Clézio recibió el premio literario sueco Stig Dagerman, que le será entregado el 25 de este mes en Estocolmo.

El escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio entró por la puerta grande en el mundo de la literatura al recibir en 1963, con 23 años, el premio Renaudot por su obra "Le procés-verbal" (El proceso verbal). En su obra habla de sus viajes y de las distintas culturas de América Latina, África y Oceanía.

Estuvo influenciaddo al comienzo de su carrera por el movimiento del "nouveau roman" (la "nueva novela"), Evolucionó hacia una literatura más espiritual, en la que a menudo aparece como tema el paraíso perdido.

Le Clézio ha publicado, entre otras obras, "La fiebre", "Terra amata", "La Guerra", "Desierto" (quizá su obra maestra), "Diario de un buscador de oro", "Onitsha", "Estrella errante", "El pez dorado", "Diego y Frida", "Revoluciones", "Urania" o "Ritournelle de la faim".

http://www.telesurtv.net/noticias/secciones/nota/33832-NN/nobel-de-literatura-2008-admira-las-culturas-indigenas-americanas/

sexta-feira, 1 de agosto de 2008

TRES NOBEL MIRANDO A ÁFRICA

Marilyn Bobes

1 agosto 2008/Granma http://www.granma.cubaweb.cu

El reciente noventa cumpleaños de Nelson Mandela y el espacio que nos da el verano para leer y releer textos entrañables, se convierten en ocasión propicia para volver sobre la obra de tres personalidades que tienen en común el Premio Nobel de Literatura; entre ellas, dos mujeres que han lanzado una mirada aguda, crítica y demistificadora sobre lo que significó el apartheid para Sudáfrica y la colonización para otras regiones de ese continente negro.

Doris Lessing y Nadine Gordimer —ambas publicadas en nuestro país hace algunas décadas— llevaron su visión de la realidad sudafricana a la gran literatura, añadiendo ese toque femenino que concede a sus obras la verosimilitud de lo íntimo como un recurso más para esa denuncia donde el posible panfleto se disuelve en la carga profundamente personalizada del conflicto colectivo.

Tanto en Canta la hierba como en El conservador, las dos novelas de Lessing y Gordimer, respectivamente, editadas en Cuba, los profundos abismos sicológicos a los que se enfrentan los personajes a causa del entorno despiadado de la discriminación racial y la explotación del hombre blanco, resultan emotivas rebeliones a las que el discurso femenino añade ese plus que rebasa las limitaciones de cualquier esquema aristotélico.

"No hay donde ir, sino hacia adentro" ha dicho Doris Lessing refiriéndose a su método de creación en el que la vida cotidiana juega un papel fundamental para la identificación del lector al recrear los perjuicios del macromundo sobre los destinos individuales.

Por su parte Gordimer aborda la realidad desde el punto de vista del supuesto vencedor. El protagonista de su novela es un hombre blanco que se ve, de pronto atrapado por las reglas de su propio juego. Insensible a los argumentos de su amante izquierdista es, sin embargo, derrotado en su propósito de despojar de lo que les pertenece a los verdaderos dueños de una nación que sufrió uno de los destinos más injustos de que se tenga memoria en la época contemporánea.

Aunque inglesa de nacionalidad, Doris Lessing, reconocida con el Premio Nobel en el 2008, nació en Irán y creció en el sur de Rhodesia (actual Zimbabwe) de donde fue expulsada por sus críticas al racismo. La novelista, nacida en 1919, no pertenece a ningún partido político en la actualidad, pero muchos no dejan de considerarla una militante de principios inclaudicables.

A través de un personaje alter ego (Marta Quest), Lessing es autora de una zaga donde se mezcla la exploración novelesca del mundo interior de la mujer con la preocupación social.

La autora de Canta la hierba y de una antología de relatos aparecida en nuestro país con el título de El hormiguero (y solo menciono la obra publicada en Cuba) es uno de esos raros casos en el mercantilizado mundo editorial de hoy que no ha necesitado ni de agentes literarios ni de maquinarias publicitarias para imponerse desde su prolífica soledad. La noticia del otorgamiento del Nobel la sorprendió haciendo compras en tiendas cercanas a su austera vivienda londinense.

"Como me crié en África del Sur (Rhodesia del Sur) —ha dicho— parte de mi obra está ambientada en esa región; la prominencia de los conflictos raciales allí existentes ha hecho inevitable que escriba más sobre aquellos aspectos que reflejan la discriminación racial sobre ningún otro".

Su discurso de aceptación del Nobel, leído por su editor ya que por razones de salud no pudo asistir a la ceremonia en Estocolmo, fue calificado por algunas agencias de prensa como "desobediente", simple y llanamente porque expuso razones como estas:

Somos parte de una cultura fragmentadora, donde se cuestionan nuestras certezas de apenas pocas décadas atrás y donde es común que hombres y mujeres jóvenes con años de educación no sepan nada acerca del mundo, no hayan leído nada, solo conozcan alguna especialidad y ninguna otra, por ejemplo, las computadoras.

Somos parte de una época que se distingue por una sorprendente inventiva, las computadoras y la Internet y la televisión, una revolución. No es la primera revolución que nosotros, los humanos, hemos abordado. La revolución de la imprenta, que no se produjo en cuestión de décadas sino durante un lapso más prolongado, modificó nuestras mentes y nuestra manera de pensar. Con la temeridad que nos caracteriza, aceptamos todo, como siempre, sin preguntar jamás "¿Qué nos va a pasar ahora con este invento de la imprenta?". Y así, tampoco nos detuvimos ni un momento para averiguar de qué manera nos modificaremos, nosotros y nuestras ideas, con la nueva Internet, que ha seducido a toda una generación con sus necedades en tal medida que incluso personas bastante razonables confesarán que una vez que se han conectado es difícil despegarse y podrían descubrir que han dedicado un día entero a navegar por blogs y a publicar textos carentes de todo sentido, etc.

Hace poco tiempo, incluso las personas menos instruidas respetaban el aprendizaje, la educación y otorgaban reconocimiento a nuestras grandes obras literarias. (¼ ) Las personas mayores, cuando hablan con los jóvenes, deben tener en cuenta el papel fundamental que desempeñaba la lectura para la educación porque los jóvenes saben mucho menos. Y si los niños no saben leer, es porque nunca han leído.

Todos conocemos esta triste historia. Pero no conocemos su final. Recordemos el antiguo proverbio: "La lectura es el alimento del alma" —y dejemos de lado los chistes relacionados con los excesos en la comida—, la lectura alimenta el alma de mujeres y hombres con información, con historia, con toda clase de conocimientos.

Por su parte, Gordimer (1923) también apela al conflicto humano con una voz muy personal. Fue, además de una literata comprometida con la causa, una tenaz activista política contra el apartheid. Sudafricana de nacimiento, siempre se sintió sensibilizada por lo que sucedía a su alrededor.

"La gente —declaró en una ocasión— se siente escandalizada por la brutalidad de la policía en el entierro de las víctimas de alguna revuelta, pero la brutalidad no consiste solo en matar gente. Hay otras formas de hacerles daño, de herirles, que se dan a diario".

Esas otras formas, que no reflejaban los grandes medios de comunicación, fueron las que dieron autenticidad a sus novelas y finalmente la condujeron a la obtención del más alto galardón universal de las letras en 1991.

El aniversario 90 de uno de los grandes hombres de la historia contemporánea, el luchador Nelson Mandela, también Premio Nobel de la Paz, y la existencia de estas dos obras se conjugan para tender las trampas a ese olvido en el que no debe caer lo sucedido hasta hace muy poco al sur del continente africano.

La lectura, como excelente opción para disfrutar del tiempo libre de una manera que propicie el enriquecimiento espiritual, nos hace recomendar la obra de estas dos mujeres no siempre reconocidas como se merecen en este mundo donde las ventas y los best sellers se privilegian por encima del verdadero valor literario.

Nuestras bibliotecas son el lugar donde el lector podrá tropezarse con estos libros aquí mencionados y quizás alguno más, lo que no satisface la aspiración de que nuestras editoriales, dentro de sus posibilidades, consideren una actualización de dos universos narrativos imprescindibles para saber diferenciar la legitimidad de la verdadera literatura, al margen de la parafernalia de la engañosa publicidad de los mercados internacionales.

http://www.granma.cubaweb.cu/2008/08/01/cultura/artic01.html

sexta-feira, 9 de maio de 2008

Mozambique/Presidente de Mozambique en Chile

8 Mayo 2008/AP

Empresarios chilenos explorarán inversiones en Mozambique sobre todo en el campo minero, según un acuerdo suscrito el jueves por los presidentes la anfitriona Michelle Bachelet y el mandatario visitante Armando Emilio Guebuza.

El convenio es uno de los cuatro suscritos en el inicio de la visita oficial de dos días del mandatario mozambiqueño, la única que realiza a un país latinoamericano.

Los otros acuerdos se refieren a la cooperación en el ámbito de la mujer y la acción social, de intercambio en pesca y acuicultura y de cooperación académica en asuntos diplomáticos.

Chile y Mozambique tienen una relación especial por el exilio que vivieron en ese país muchos chilenos tras el golpe militar de 1973. Bachelet destacó esa situación y dijo que generó un afecto entre ambos pueblos.

Bachelet y Guebuza señalaron que en la búsqueda de acuerdos concretos de cooperación se reunirán en la cumbre que se efectuará en Caracas este año entre Latinoamérica y Africa, donde analizarán propuestas.

"Mozambique puede ser un destino seguro para las inversiones chilenas", afirmó Guebuza, quien antes de sostener una prolongada reunión con Bachelet estuvo en un desayuno con empresarios locales a los que invitó a realizar inversiones en su país.

El intercambio comercial entre ambos países es reducido, dominado por exportaciones chilenas a Mozambique por 827.000 dólares. Chile exportó pescado jurel, láminas de acero y vino.

Durante su permanencia en Chile el mandatario mozambiqueño conocerá un Parque de la Paz, una antigua cárcel secreta donde incluso estuvieron recluidas Bachelet y su madre durante la dictadura de Augusto Pinochet. También visitará la casa museo del premio Nobel de Literatura Pablo Neruda en el balneario de Isla Negra.

El presidente Guebuza regresa el sábado a su país.