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terça-feira, 21 de maio de 2013

Cuba acoge cita de iglesias latinoamericanas a pesar del bloqueo



20 mayo 2013, Prensa Latina http://www.prensa-latina.cu (Cuba)

La Habana (PL) --- A pesar de las trabas impuestas por el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, se realizará aquí la VI Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), destacó hoy el presidente de esa organización en la isla, Joel Ortega.

sexta-feira, 12 de abril de 2013

Uruguay/Murió el pastor Emilio Castro



8 abril 2013, Agencia Uruguaya de Noticias http://www.uypress.net (Uruguay)




Montevideo (Uypress) -- El pastor metodista que fuera además secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, Emilio Castro, que jugó además un destacado papel en la resistencia a la dictadura, falleció en esta capital a los 86 años de edad.

Emilio Castro fue el cuarto secretario del Consejo Mundial de Iglesias, pastor responsable de varias parroquias, ocupó distintos cargos en organismos ecuménicos de cooperación en América Latina y también fue director de la Comisión de Misión Mundial y Evangelización en 1973.

El año 2009, la Intendencia Municipal lo declaró "Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Montevideo", recordando que "abogó por la esperanza de la recuperación democrática en Uruguay y el resto de América en tiempos de dictaduras en la región". En esa ocasión, se recordó que "Emilio Castro compartió, como tantos uruguayos, los golpes de la dictadura" y se reconoció que "su disposición solidaria fue fundamental para muchos uruguayos que padecieron el exilio".

Entre las múltiples actividades de apoyo a la resistencia Emilio Castro logró que el Consejo Mundial de Iglesias fuera una de las entidades que junto a IPS Inter Press Service colaborará con la agencia de noticias PRESSUR con sede en Roma.

También se señaló que el religioso se reunió en por lo menos tres ocasiones con el líder histórico cubano, Fidel Castro, y también con el sudafricano Nelson Mandela poco después de que éste salió de la cárcel.

domingo, 17 de março de 2013

Argentina/PAPAS

16 marzo 2013, Pagina12 http://www.pagina12.com.ar (Argentina)
Por Luis Bruschtein
Hay algo desproporcionado en tener un papa argentino, es algo que impresiona y no deja de sorprender. Y también es desproporcionada la conferencia de prensa del Vaticano contra Página/12. Todo parece llevado a una escala casi galáctica. Federico Lombardi, el portavoz papal, apuntó contra una “izquierda anticlerical” por las acusaciones contra el papa Francisco por su actuación durante la dictadura, que se publicaron en Página/12 a partir de una investigación de Horacio Verbitsky y agregó algunos comentarios más sobre “medios especializados en campañas difamatorias” o en “acusaciones poco creíbles”.

En realidad, no se trata de una izquierda anticlerical –seguramente en el diario habrá más de uno–, sino de dos sacerdotes jesuitas que fueron secuestrados y torturados durante la dictadura, y ya en democracia hicieron esas denuncias, a las que se sumaron los familiares de otros laicos, militantes cristianos, que fueron secuestrados en esa oportunidad, la mayoría de los cuales continúan desaparecidos.

En un sentido riguroso, más que de complicidad, los testimonios hablan de omisión, de cerrar los ojos, o de retirar la protección de la Iglesia a los secuestrados en esa oportunidad, acusados de integrar las organizaciones guerrilleras. En contrapartida, hay otras declaraciones que reivindican la actitud de Bergoglio durante la dictadura, protegiendo a fugitivos y ayudando a escapar a otros. Estos testimonios tienen la misma veracidad que los otros y no son contradictorios entre sí.

Claro que el fiel de esa balanza termina por inclinarse durante los años en que fue arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, cuando prefirió no reunirse ni convocar a los organismos de derechos humanos y, por el contrario, abrir uno de los conflictos más duros del gobierno kirchnerista con el obispo castrense Antonio Baseotto, defensor de secuestradores y represores de la dictadura. Los derechos humanos se convirtieron en una temática central en la transición hacia una democracia plena y, bajo su báculo, la Iglesia argentina no tuvo ningún gesto importante en ese sentido.

En todo caso, la actuación del entonces jefe de los jesuitas, Jorge Bergoglio, se encuadró en la actitud de toda la cúpula de la Iglesia, en este caso sí de complicidad con los jefes militares, al aceptar calladamente la práctica de horror y exterminio que estaban llevando a cabo. Esa política los llevó incluso a aceptar el asesinato de uno de sus hermanos, el obispo Enrique Angelelli, y presumiblemente también del entonces obispo de San Nicolás, Carlos Ponce de León.

Todas estas situaciones fueron publicadas por Página/12 y afirmar que se trata de una “campaña de desprestigio” orquestada por “una izquierda anticlerical” constituye una pobre defensa. No se trata de un argumento sostenido con pruebas que puedan demostrar que no ocurrieron los hechos cuyo relato les ofende. Después de la dictadura, la Iglesia argentina quedó “en capilla”, como se suele decir.

Cualquier hecho relacionado con la Argentina de los últimos cuarenta años está indefectiblemente atravesado por los derechos humanos. No era tan fácil advertirlo a la salida de la dictadura. Es probable que los que asumieron esa importancia, lo hicieron más por sensibilidad que por una visión a largo plazo. La Iglesia como estructura no tuvo esa sensibilidad y reaccionó más con cola de paja que como Iglesia. Ese lugar, desde los católicos fue entonces ocupado en parte por laicos como Augusto Conte y Emilio Mignone entre otros, e incluso por algunos obispos como Jorge Novak, Jaime de Nevares y Esteban Hessayne, que eran permanentemente hostigados por las altas jerarquías. Estos obispos ya fallecidos no fueron reemplazados por otros altos prelados en su importante lugar en los derechos humanos. Ese espacio tampoco lo ocupó Bergoglio ni alentó a ningún otro obispo a que lo hiciera durante todos los años que estuvo al frente de la Iglesia argentina.

Los organismos defensores de los derechos humanos en Argentina, que han sido tan importantes desde el punto de vista espiritual y simbólico para la construcción democrática, apenas han tenido relación con Bergoglio. Esa relación era prácticamente imposible en la medida en que no hubiera una visión autocrítica de lo actuado en la dictadura y se mantuviera la protección sobre curas como Christian Von Wernich, que participó en interrogatorios a prisioneros que después fueron exterminados. Von Wernich fue condenado por la Justicia, pero la Iglesia encabezada por Bergoglio nunca tomó una medida de castigo.

En ese sentido no ha sido la decisión más feliz del nuevo papa Francisco encarar su relación con los derechos humanos como jefe de la Iglesia con esta desmentida pobre, que además no desmiente nada sino que agrede al mensajero, al medio que publicó una información que no estaba oculta, sino que ningún otro quiso publicar. Estaríamos fritos si hablar de los derechos humanos fuera solamente una prerrogativa de sectores de izquierda anticlerical. Desde el punto de vista del desarrollo histórico de este país, los derechos humanos pasaron a tener una importancia fundamental y les fue mal a los que intentaron negar esta realidad, en especial a la Iglesia argentina, que tendría que haber ocupado el mismo lugar que ocupó la Iglesia de Chile en este aspecto. Si fue un error, nunca es tarde para subsanarlo.

La conferencia de prensa del sacerdote Federico Lombardi descalificando a este medio pareció desmesurada y hasta poco meditada. Aquí en Argentina, otros periodistas y medios más poderosos que Página/12 se han victimizado y rasgado las vestiduras por el supuesto atentado a la libertad de prensa cuando la presidenta Cristina Fernández criticó alguna de sus publicaciones. Página/12 ha polemizado con otros presidentes, como lo puede hacer ahora sin necesidad de victimizarse. Solamente hizo una denuncia de ese tipo cuando se amenazó o se tomaron medidas concretas contra el diario.

Un papa argentino tiene una proyección insondable para Argentina. Es muy difícil predecir cualquier consecuencia, porque la escala está sobredimensionada. Y mucho tendrá que ver la forma en que el papa Francisco encare el mundo desde ese lugar tan difícil de líder espiritual de 1200 millones de personas. Siempre fue vertical, de absoluta disciplina hacia la jerarquía en una organización que viene de dos reinados muy conservadores y derechistas, como los de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que representaron la globalización y la hegemonía del neoliberalismo en el planeta. Su lealtad a esa estructura de poder definió su cuestionada actitud con la dictadura. Pero la herencia que recibe ahora de los dos papas anteriores es un Vaticano envuelto en escándalos financieros y de corrupción, y con innumerables denuncias por hechos de pedofilia. Mientras Juan Pablo II y Benedicto XVI se encargaban de perseguir y desplazar a los obispos progresistas, se fueron creando esos nichos de corrupción que impregnan a la curia vaticana. Esto no lo dice la izquierda anticlerical sino que se comenta en todos los corrillos de Roma. Se dice incluso que el Vaticano necesitaba un hombre con la austeridad, la astucia y el carácter de Bergoglio para limpiar estas vergüenzas. A Francisco le toca un mundo diferente del que vivieron Juan Pablo II y Benedicto XVI. El cardenal Bergoglio fue parte de la visión del mundo que expresaron esos dos papas. Francisco tiene la posibilidad, y hasta se diría que la obligación, de dar su propia versión si quiere rescatar al Vaticano de su crisis. Pero la desmentida de ayer lo pone más en el camino agotado de sus antecesores.



Argentina/ “Bergoglio fue parte del silencio cómplice de la Iglesia con la dictadura genocida”


15 marzo 2013, Fracción Trotskista-Cuarta Internacional http://www.ft-ci.org (Argentina)

por : PTS, Argentina

Declaraciones de la abogada que interrogó al Papa por el destino de los desaparecidos
(PTS, 14/03/2013) Myriam Bregman, abogada del CeProDH (Centro de Profesionales por los Derechos Humanos), del PTS y de la querella en el juicio de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), se refirió a Jorge Mario Bergoglio, recientemente elegido por el Vaticano como Papa Francisco I.

Durante uno de los juicios a los militares genocidas de la ESMA (desarrollado entre los años 2010 y 2011), Bregman representó a Patricia Walsh, hija del periodista y escritor desaparecido Rodolfo Walsh, y tuvo la oportunidad de interrogar al entonces arzobispo primado de Buenos Aires Jorge Bergoglio. Fue una de las abogadas que exigió al Tribunal que lo cite a declarar en calidad de testigo a partir de la denuncia hecha por la catequista María Elena Funes, quien lo acusó de facilitar el secuestro de los curas jesuitas Francisco Jalics y Orlando Yorio, que integraban la misma orden que Bergoglio. Sobre aquel suceso, la abogada relató:
“Contrariamente a la imagen que hoy se da de él como una persona humilde, Bergoglio no tuvo empacho en utilizar todos los privilegios que le daba su investidura, negándose a ir a declarar como cualquier persona a los Tribunales, por lo que se hizo trasladar todo el juicio a la sede de la Curia en Buenos Aires y tuvimos que hacer el interrogatorio allí mismo. Durante su declaración, el hoy Papa contestó con evasivas y contradijo lo que había dicho la testigo anterior. Trató de hacer una defensa formal de su accionar durante el período que duró el secuestro de los curas jesuitas por parte de los militares, afirmando que al enterarse que habían sido secuestrados se lo informó a sus superiores. Hizo también algunas afirmaciones muy graves, como que dos o tres días después de haberse perpetrado este secuestro él ya sabía que estaban en la ESMA. Algo que hasta el día de hoy ni muchas Madres de Plaza de Mayo saben respecto de sus hijos, a pesar de su intensa búsqueda. ¿Cómo se enteró? Relató que se entrevistó con Videla y Massera, pero bastante tiempo después. También reconoció que cuando Jalics y Yorio fueron liberados le contaron que quedaba gente secuestrada en la ESMA, y aun así hizo nada”.

Pero lo que recuerda con mayor detalles la abogada Myriam Bregman de aquel interrogatorio es cuando le preguntó sobre la apropiación bebés durante la dictadura: “Jamás olvidaré la cara que puso Bergoglio cuando le preguntamos por los niños apropiados [...]. contestó que se había enterado hace poco, hace unos diez años, o sea, en el 2000, cuando toda la sociedad sabía de la búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo al menos desde el año 1983, y algunos familiares de La Plata afirman que conoce el caso de Ana Libertad Baratti de La Cuadra desde 1977”.
Por último, Bregman señaló: “La actitud reticente de Bergoglio a contestar y lo acotado de sus respuestas en aquel entonces tuvo coherencia con la línea de silencio y ocultamiento adoptada por la jerarquía eclesiástica durante todos los años posteriores a la dictadura, negándose sistemáticamente a aportar archivos y documentos con que cuentan. Es parte de la política de la cúpula de la Iglesia Católica, que bendijo y colaboró directamente con la dictadura iniciada en Argentina en 1976. No me extraña que a sacerdotes como Christian Von Wernich, que están condenados por ser autores del genocidio, del plan de tortura y exterminio de la dictadura, no se los haya excomulgado y puedan seguir dando misa como cualquier otro cura. Lo mismo sucedió con el cura Grassi, condenado por abusar de niños, y por cuya expulsión la Iglesia que Bergoglio comandaba hasta ayer no movió un dedo. Nadie puede negar que el hoy Papa Francisco I encubrió a genocidas y pederastras en las filas de la Iglesia”.

Myriam Bregman: (011) 15 4170 2398
@myriambregman
www.facebook.com/MyriamBregm...

segunda-feira, 18 de julho de 2011

Jornadas Teológicas Cono Sur y Brasil: Mensaje Final – ‘Apostando por un presente que tenga futuro’

18 julio 2011/Adital http://www.adital.com.br

Mientras terminamos tres días de búsqueda en espíritu de hermandad, quienes participamos de las Jornadas Teológicas del Cono Sur y Brasil en Santiago de Chile, deseamos dirigir a nuestras Iglesias y sociedades este mensaje, para compartir sencillamente lo que hemos escuchado, vivido y celebrado.

Casi trescientas personas, laicas y laicos, religiosas y religiosos, sacerdotes y obispos, provenientes de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, México, España, Ecuador, Bolivia y Chile, hemos construido una hermosa experiencia de escucha fecunda del Espíritu de Jesús, escuchándonos mutuamente y prestando un oído atento a las voces de nuestros pueblos y comunidades.

Hoy decimos que hemos salido fortalecidos en nuestra esperanza. En una esperanza que nos impulsa a poner nuestras vidas al servicio del Reino de Dios que está en medio nuestro, impaciente por fecundar nuestra realidad colectiva y personal si nos hacemos disponibles a la humilde fuerza de su levadura.

En Santiago nos hemos encontrado con las manifestaciones estudiantiles que cuestionan una sociedad que multiplica las inequidades, junto a comunidades cristianas que ante desafíos complejos y vivencias traumáticas, han recibido con gran apertura y generosidad a sus hermanas y hermanos de esta parte de América Latina.

Hemos compartido desde nuestras diferencias y diversidades históricas, geográficas, culturales, de procesos sociales y eclesiales. Nos enriquecimos con ellas, muy especialmente cuando hicimos memoria y celebramos el testimonio de quienes en décadas recientes han dado muestras extraordinarias de fidelidad al Dios de la vida, en el seno de nuestro pueblo, sobre todo entre los más empobrecidos y excluidos.

Queremos recordar especialmente la figura luminosa y entrañable de ese discípulo de Jesucristo y por eso mismo, teólogo siempre riguroso e inspirador que fue Ronaldo Muñoz, de quien reciben el nombre estas jornadas. En este compartir, experimentamos una vez más que en lo más hondo, lo que nos une haciendo complementarias nuestras diversidades, es el seguimiento de Jesús bajo la guía de su Espíritu.

Mientras les dirigimos estas palabras, hoy mismo, 15 de julio, celebramos los 50 años de la publicación de la Mater et Magistra de Juan XXIII, a quien recordamos agradecidas y agradecidos, el gesto de abrir puertas y ventanas para que la Iglesia católica aprendiera que para ser madre y maestra, necesitaba volverse cada día hija y discípula. El quería que esta Iglesia no condenara a nadie, que fuera misericordiosa y que no tuviera miedo de enfrentar los desafíos del mundo moderno. Hoy queremos retomar esta herencia en tiempos en que la tentación de crisparnos sobre nuestros temores y reaccionar dando lecciones a todos y sobre todo, es muy grande.

En esta escuela del papa Juan, y en vísperas del cincuentenario de la celebración del concilio Vaticano II, les transmitimos nuestra convicción, esperanza, pero también compromiso, de que ese camino luminoso, que en América Latina encarnamos a partir de Medellín, ha de seguir siendo nuestro camino en este tiempo, para nuestras comunidades, de cara a nuestros pueblos; con ellos, en ellos y para ellos desde sus búsquedas y compromisos a partir de las llamadas que hoy surgen desde los nuevos escenarios sociopolíticos y eclesiales que nos toca vivir.

Por eso, aunque tres días frente a cuatro largas sesiones conciliares no resisten comparación alguna, en estas jornadas nos animamos a reproducir en pequeño aquella experiencia sinodal recuperando también el aporte del camino de la teología de la liberación, nacida hace cuarenta años. Hemos dado pasos en conjunto, preguntándonos ante todo qué significa mantener viva la memoria del Vaticano II e identificando por dónde pasa hoy su vigencia y actualidad.

Conscientes de que la "Iglesia debe escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio” (GS 4), hemos querido hacer un proceso de construcción colectiva que articule nuestro pensar y sentir. En un esfuerzo que ha supuesto una escucha atenta de distintas experiencias y miradas, en un compartir en mesas de trabajo que han abordado temáticas nuevas que nos interpelan desde el hoy de nuestros contextos, "apostando por un presente que tenga futuro”.

En una búsqueda teológica que llamamos pastoral, como lo hicieron aquellos hermanos obispos conciliares, quisimos como ellos poner en el centro la Palabra de Dios, leída en comunidad, en una tradición ya consolidada en América Latina y compartida con nuestras Iglesias hermanas.

Como el Concilio nos enseñó, nos interrogamos, desde los movimientos sociales, acerca del proceso de integración que marca la realidad de los países del Cono Sur, y también aceptamos el desafío de aprender y confrontar nuestras búsquedas teológicas con las ciencias sociales, la economía, la política, las ciencias naturales y todas las expresiones culturales que forman parte de la realidad donde la voz de Dios siempre resuena.

Los tiempos han cambiado, lo que nos lleva a detenernos y poner en diálogo nuestra teología latinoamericana con realidades y saberes que no estuvieron presentes en los trabajos del Vaticano II, ni en los primeros momentos de la Teología de la Liberación. Para nosotros son nuevos clamores que no podemos dejar de escuchar, como la nueva cosmología y la espiritualidad ecológica, los migrantes, el protagonismo de las mujeres y la perspectiva de justicia de género, la sabiduría y filosofías de los pueblos originarios y afrodescendientes de nuestra América en su relación con Dios y todos los nuevos rostros de exclusión que emergen desde la invisibilidad.

En todo esto compartimos las preguntas contemporáneas sobre Dios, las que nos hacemos nosotros mismos y las que recibimos de los demás: "¿Quién dice la gente que soy?, ¿Quién dicen ustedes que soy?”. Entre todas esas preguntas, y providencialmente reunidos en la Universidad que lleva el nombre del Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien aportó un sueño para Chile en el que nadie se sienta excluido, que no exista miseria, que cada niño y niña tenga una escuela, que cada familia pueda habitar una casa digna y en el que reine la solidaridad. El eco de estas palabras resuena en medio de las protestas estudiantiles, desde donde sentimos la inquietud acerca de la formación religiosa sin pretender cerrar ninguna pregunta ni darnos respuestas tranquilizadoras.

La experiencia de estas jornadas, les decimos una vez más, ha sido sobre todo de esperanza, de avivamiento de nuestro deseo de revitalización, de apertura y aceptación de la paciencia histórica, mientras tratamos de identificar las manifestaciones del Reino de Dios entre nosotras y nosotros.

Con Pablo sentimos "que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior […] Estamos salvados, pero todo es esperanza” (Rom 8, 22-24).

Estos gemidos son frutos del sufrimiento, el que buscamos compartir con quienes son privados de una vida como la que quiere Dios y que hemos tratado de evidenciar, para que nos cuestionara una vez más en estas jornadas. Pero así mismo, estos gemidos se nos presentan como voces de esperanza, esa que nos lleva a decirnos y decirles, que el mismo Espíritu que en los años 60 sopló en el Vaticano II, sigue hoy queriendo sacudir nuestras vidas, sigue abriéndonos al futuro. Lo hemos vivido en estos días. La Iglesia del Concilio, de Medellín, de la teología de la liberación, de las comunidades eclesiales de base, los recientes impulsos de Aparecida, no son nostalgia, es realidad, es presente interpelador y futuro que no quiere perder su horizonte utópico, pero que todavía necesita de nuestro esfuerzo paciente para mostrar todo lo que el Espíritu quiere hacer de ella en nuestro continente, el mundo y la realidad cósmica que nos embarga.

A partir de esta experiencia queremos entrar en una etapa marcada por una fructífera creatividad. Queremos conseguir este objetivo rescatando elementos importantes del Concilio y con la experiencia de estos cuarenta años de teología de la liberación, proyectar el quehacer teológico asumiendo los nuevos desafíos.

Recordamos que esta jornada es parte de la preparación del próximo Congreso Teológico Continental que se efectuará en Brasil en octubre del próximo año. En este caminar nos acompaña y alienta el Señor ya que "todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo” (DA 393).

Santiago de Chile, 15 de julio de 2011.

quinta-feira, 10 de setembro de 2009

Presidente de facto hondureño ratifica cancelación de nacionalidad al padre Tamayo



Padre Andrés Tamayo denunció la dictadura que impera en Honduras. (Foto: archivo)


9 septiembre 2009/TeleSUR http://www.telesurtv.net

A pesar de las presiones del gobierno de facto, el padre Tamayo anunció que permanecerá en la nación de la mano con el pueblo. Informó que su caso está siendo evaluado por especialistas tras defender que cuando se le otorgó la nacionalidad hondureña, el proceso estuvo apegado al marco legal.

El presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, ratificó este miércoles la anulación del acta de nacionalización hondureña que le fue otorgada al padre Andrés Tamayo tras permanecer más de 22 años en la nación, lo que fue considerado por el presbítero como una arremetida política en respuesta a sus luchas para alcanzar el retorno de la constitucionalidad y del presidente legítimo del país centroamericano, Manuel Zelaya.

"Al señor Tamayo ha seguido el proceso normal el ministerio de Gobernación (interior), para quitarle la naturalidad que le fue otorgada en algún momento en este país", afirmó el mandatario de facto, quien asumió el poder tras el golpe militar ejecutado el pasado 28 de junio, contra Manuel Zelaya.

Tamayo denunció que "hay una actitud de este gobierno de actuar como una dictadura".

"Estaré aquí hasta que no me capturen", afirmó.

El sacerdote informó que "hay un equipo de abogados estudiando mi caso porque para asignarme la naturalización se siguió un largo proceso".

Al ser legalmente ciudadano hondureño no tiene impedimentos para participar en actos políticos, como los extranjeros.

En este sentido, Tamayo consideró la determinación como una medida para impedir que siga impulsando la lucha revolucionaria por el retorno de la constitucionalidad en Honduras.

El presbítero nació en El Salvador y logró la nacionalidad hondureña luego de 22 años de vida en el país.

Tamayo dirigió el Movimiento Ambientalista de Olancho, (MAO), departamento ubicado en la parte nororiental del país y limita al sur con Nicaragua. Por sus esfuerzos en el MAO, figuró como nominado al "Premio Front Line 2008 para Defensores de los Derechos Humanos en Riesgo".

También, el clérigo decidió formar parte del movimiento para evitar que la deforestación en la zona continuara.

El pasado 23 de Agosto el Gobierno de facto de Honduras amenazó al sacerdote católico Andrés Tamayo de expulsarlo del país por apoyar el regreso del presidente legítimo, Manuel Zelaya.

La administración ilegítima de Micheletti, desde su instauración, ha recibido el rechazo internacional; aún así convocó a elecciones generales para el mes de noviembre.

Sin embargo países de Latinomérica y Estados Unidos, han anunciado que no reconocerán al presidente que surja de esos comicios, por desarrollarse fuera del marco constitucional.

Al respecto, Micheletti expresó que "en todos los países del mundo donde hay golpes de Estado y luego ha venido la restitución constitucional, se ha aceptado a ese país; igual tiene que suceder aquí en Honduras".

Micheletti, ha negado en reiteradas ocasiones que haya ocurrido un golpe de Estado cuando fuerzas militares derrocaron al Gobierno legal de Zelaya, pero en sus las citadas declaraciones lo reconoce de forma indirecta.

Además, foros internacionales, como la Organización de Estados Americanos y la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), han determinado que en efecto hubo un golpe de Estado en el país centroamericano.

quinta-feira, 20 de agosto de 2009

Honduras/CINCUENTA DÍAS DE MENTIRAS GOLPISTAS BENDECIDAS POR EL CARDENAL OSCAR RODRÍGUEZ




19 agosto 2009/TeleSURhttp://www.telesurtv.net

Por: Juan Antonio Mejía Guerra

Las declaraciones vertidas por el cardenal Rodríguez son tan alejadas de la realidad como peligrosas para el pueblo hondureño, ya que él es de alguna manera el vocero real de la oligarquía y el principal legitimador moral del golpe de Estado perpetrado por oligarcas.

La resistencia nacional hondureña supera ya los cincuenta días de lucha ininterrumpida en contra del golpe de Estado. Con ocho personas muertas, cientos de heridos y golpeados y miles de personas en las calles y plazas de la resistencia, la población hondureña se mantiene más unida y fuerte que nunca reclamando la vuelta al orden democrático. Frente a la Resistencia se levantan las fuerzas golpistas, que también llevan cincuenta días de mentiras, acosando, golpeando y matando a la población. Y entre los mentirosos más detestables se encuentra el cardenal golpista Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, cuyas mentiras nos ocupamos de develar en este ensayo.

El diario La Vanguardia de España publicó el pasado 13 de julio una entrevista al cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, titulada con el nombre "No soy un cardenal golpista", y el diario Tiempo de Honduras la reprodujo íntegramente en su edición correspondiente al pasado sábado 8 de agosto.

Las declaraciones vertidas por el cardenal Rodríguez son tan alejadas de la realidad como peligrosas para el pueblo hondureño, ya que él es de alguna manera el vocero real de la oligarquía y el principal legitimador moral del golpe de Estado perpetrado por oligarcas, políticos y militares en connivencia con sectores ultraderechistas del partido republicano de los Estados Unidos de América y de un sector de Iglesia hondureña conocido como Opus Dei. De ahí la indignación y necesidad por desmentir públicamente, a nivel nacional e internacional, las falacias de este purpurado y desnudar sus reales intenciones.

Por ello mismo, y aunque reconocemos que la entrevista concedida al diario español es un poco extensa, procederemos meticulosamente, desmenuzando párrafo por párrafo, lo dicho por el cardenal y lo contrastaremos con la verdadera realidad por la cual lucha y se sacrifica cada día la inmensa masa de pobres de Honduras junto con sus líderes, la mayoría cristianos y cristianas que no han vendido sus conciencias a ninguno de los poderes fácticos involucrados en el asalto al Estado hondureño.

Mentira Nº 1

Cardenal Rodríguez:

"Yo entiendo que los que han pintado eso [graffiti de `cardenal golpista` en las paredes de Tegucigalpa] no son hondureños. Está clarísimo".

Los que han pintado las paredes de cuanto muro o pared ha sido posible con mensajes como "cardenal golpista", y han gritado a más no poder consignas como "fuera, cardenal golpista", son hondureños y hondureñas que se sienten profundamente indignados porque el señor Oscar Rodríguez se ha valido de su condición religiosa para manipular las consciencias de los ciudadanos y ciudadanas. Jesucristo nunca estuvo del lado de los poderosos sino siempre al lado de los pobres y los vulnerables, y sus fugaces encuentros con ricos le sirvieron para llamarlos urgentemente a compartir sus bienes e inscribirse en el evangelio del amor y la justicia.

Con esta frase citada textualmente del cardenal, además de mentir, también está apoyando de forma sutil pero muy claramente el discurso de los golpistas que acusan que las manifestaciones están guiadas por extranjeros, principalmente nicaragüenses y venezolanos; lo cual no es cierto. Las manifestaciones populares están llenas de gentes orgullosamente catrachas; pobres, descalzas, gentes que las más de las veces no andan ni para comprar una bolsa de agua. Las organizaciones populares tienen que realizar constantemente jornadas de apoyo, pidiendo a la población de las ciudades que proporcionen espacios en sus casas para alojar compatriotas que han llegado de diferentes sectores del país para sumarse a las protestas permanentes, y donen alimentos y otros víveres para que los manifestantes no mueran de hambre y frío. Contrariamente, el gobierno golpista que bendice el cardenal Rodríguez ha llegado incluso a declarar toques de queda por 24 horas seguidas y hasta por 7 días consecutivos en algunas regiones para que los y las manifestantes que llegan del interior del país mueran de hambre, sed y frío en los caminos y bosques y no se les pueda socorrer. El cardenal Rodríguez, que debiera ser un defensor de la vida que nos ha dado el Creador, no sólo no ha dicho una palabra en defensa de la vida de esta gente humilde y luchadora, cuyo acceso a la alimentación es un derecho humano reconocido universalmente independientemente de cualquier situación o conflagración, sino que, sumándose al discurso oligarca, acusa a los defensores de la democracia de no ser hondureños y hondureñas, en un claro intento por distorsionar, a favor de la oligarquía golpista, la percepción de la realidad de lo que está aconteciendo en Honduras.

Mentira Nº 2

Cardenal Rodríguez:

"No soy golpista. No me molesta [que me acusen de serlo], porque si de Jesús, que era hijo de Dios, le acusaron de todo, ¿qué no podrán decir de un ser humano? Es injusto que por cumplir un deber de conciencia me llamen golpista".

El cardenal Rodríguez tiene razón al decir que no le molesta que lo llamen golpista, porque efectivamente lo es, aunque bautice con otro nombre más elegante a su club de santulones del Opus Dei que asaltaron el Estado de Honduras, llamándolo "sucesión constitucional".

Lo que no debe hacer el cardenal Rodríguez es valerse de su status de príncipe de la Iglesia para justificar el golpe de Estado y, luego, defenderse de los señalamientos que le hace el pueblo recurriendo a las falsas acusaciones que en su momento los opresores de su tiempo lanzaron contra la persona de Jesucristo. En el caso de Jesús las acusaciones de que fue objeto eran falsas mientras que las vertidas contra el cardenal son verdaderas y se comprueban con el menor esfuerzo intelectual posible. Y ya que el cardenal Rodríguez trata de compararse con Jesucristo no está demás desenmascararlo nuevamente en otras de sus perversiones: El Señor Jesús no habló nunca a los pobres desde los medios y espacios comunicativos de los romanos opresores, el cardenal sí habla al pueblo desde las cadenas nacionales de radio impuestas por el presidente golpista, cadenas radiales reservadas exclusivamente para los funcionarios golpistas. Ningún opositor al régimen de facto ha hablado en cadena nacional, ¿lo sabe el señor cardenal Rodríguez?

El señor Rodríguez puede cumplir su deber de conciencia al lado de los oligarcas, y los demás tenemos el deber de respetar su opinión, pero lo que no puede hacer es ponerse del lado de los violentadores del orden social y decir que habla en nombre del Dios de la vida.

Mentira Nº 3

Cardenal Rodríguez:

"Yo soy el primero en rechazar el golpe de Estado".

Esta tajante afirmación pone al descubierto la doble moral que intenta jugar el cardenal Rodríguez de cara al rescate de su condición internacional de papable. Por un lado, hacia dentro de Honduras maneja un discurso pro golpe de Estado legitimando la acción golpista de sus hermanos del Opus Dei a través de discursos suyos y de sus bien entrenados obispos auxiliares de la arquidiócesis, o sencillamente callando cuando ve que no puede hacer otra cosa mejor para beneficio de sus aliados. Por ejemplo, el silencio cómplice que ha guardado ante los muertos inocentes asesinados por los policías y militares, por el único delito de desplazarse al aeropuerto o a la frontera a esperar al presidente que un día escogieron. Por otro lado, hacia fuera de Honduras quiere manejar una imagen maquillada, más a tono con la reacción de todos los gobernantes del mundo, que a una voz se han opuesto al golpe de Estado y han pedido la restitución pronta, segura e inmediata del presidente Zelaya, y por eso ni se sonroja siquiera al decir en un medio de prensa internacional que está contra el golpe de Estado.

En realidad, el cardenal Rodríguez defiende la tesis de la sustitución constitucional promulgada por los golpistas, figura jurídica que no existe ni en nuestra constitución ni en ninguna otra del mundo, ni aparece tal término en ningún diccionario de ciencias políticas o jurídicas. El cardenal ya no engaña a nadie.

Mentira Nº 4

Cardenal Rodríguez:

"Por internet dicen que ando comiendo con los ricos. Otra mentira. Ningún fotógrafo va a las aldeas pobres que visito con frecuencia porque no es noticia.".

Ningún otro pastor, católico, episcopal o evangélico, aparece tantas veces en las páginas sociales de los periódicos hondureños como el cardenal; bautizando o casando hijos e hijas de las familias oligarcas, celebrándole el cumpleaños a tal o cual empresario, tocando la flauta en el té de la familia tal, etc. En los periódicos hondureños hay más noticias sociales del cardenal que reflexiones cristianas de voz y pluma cardenalicia. ¿Lo sabe Roma? La feligresía católica hondureña se da muy por enterada de ello.

También es probablemente cierto que los fotógrafos no acompañan al cardenal a las aldeas pobres, pero no lo hacen precisamente porque ello no sea noticia. Algunos fotógrafos no lo harán sencillamente porque con los sueldos de hambre que les pagan los empresarios de la comunicación, que dicho sea de paso son exactamente los mismos empresarios golpistas con alguna excepción, no les ajustaría para ir y venir a y desde las aldeas lejanas. Otros periodistas tampoco lo harán porque tal vez pudiendo pagar un servicio de transporte hacia la aldea donde se encuentra el cardenal, llegarían demasiado tarde, ya que el cardenal ha solido desplazarse a las aldeas lejanas en helicópteros de los empresarios capitalinos y de la fuerza aérea de Honduras. Y en estos aparatos difícilmente habría espacio para un reportero interesado en conocer cómo viven o sobreviven los pobres de Honduras.

Mentira Nº 5

Cardenal Rodríguez:

"Este es un país pobre donde la política ha hecho tanto daño..."

Cierto es que Honduras ha sido empobrecida por malas decisiones económicas y políticas pero en todo caso no es la política la que le ha causado tanto mal. Son los políticos que funcionan como testaferros de los diferentes grupos económicos quienes se han encargado de destruir esta nación digna de mejor suerte. Bien le vendría al cardenal Rodríguez leer a Santo Tomás para darse cuenta de lo importante que es la política en los pueblos y las sociedades.

Los pobres y las pobres de Honduras ya se dieron cuenta de ello, así como del peligro que ha significado dejar todo el quehacer político en manos de bandoleros disfrazados de diputados y de jerarcas militares, que nunca velaron por el bien común sino por los intereses egoístas de los oligarcas. El golpe de Estado ha constituido el despertar doloroso del pueblo hondureño, que ya no cree más en partidos tradicionales, ni en mercaderes de la política, ni en verdeolivos traidores a los ideales morazanistas de una patria soberana conducida bajo el imperio de la ley.

Tras el golpe de Estado del pasado 28 de junio, el pueblo hondureño se ha lanzado a las calles a exigir el restablecimiento del orden democrático; no obstante su grito ha sido desoído por los golpistas, sus gargantas han sido asfixiadas por los gases de las hordas militares y policiales, y sus vidas están siendo aniquiladas por las balas de plomo y los cuchillos de los psicópatas disfrazados de asesores presidenciales del gobierno de facto. Mientras tanto, la comunidad internacional ha asumido la posición de gallo/gallina: "que retorne el presidente Zelaya pero todavía no", "el presidente debe volver pero éste no es el momento".

Luego de cincuenta días de lucha inclaudicable el pueblo y sus organizaciones, en un verdadero gesto de recuperación de la política nacional, ya no sólo se están preguntando si el presidente Zelaya regresará o no. Su planteamiento ahora va mucho más allá del regreso del presidente y más allá de la realización o no de la consulta popular de la cuarta urna. Si durante estos cincuenta días de lucha se le ha negado el derecho a restituir los poderes del Estado, el pueblo entonces está siendo obligado por la realidad a llevar su insurrección popular y pacífica hacia una verdadera revolución que refunde nuestra patria.

El pueblo ha descubierto la importancia de la política a la hora de construir el bien común fundado en una sociedad solidaria, justa, inclusiva y fraterna tanto así que ya se dispuso a asumirla desde sus propias organizaciones y no parece dispuesto a seguir confiando en políticos, tecnócratas y militares traidores y serviles. Esta es la nueva política del pueblo, que obviamente no será bendecida por el cardenal y sus ángeles del Opus Dei, y no tardará en atacarla con las mismas palabras que para ello utiliza la oligarquía.

Mentira Nº 6

Cardenal Rodríguez:

"En el comunicado [de la Conferencia Episcopal] pusimos énfasis en la búsqueda de la paz".


La paz que busca el cardenal Rodríguez para el pueblo hondureño, y que intenta imponer desde espacios golpistas y a nombre de la Conferencia Episcopal de Honduras, es la paz del sometido, la paz del terror paralizante provocado por los aviones y helicópteros militares que continuamente sobrevolaban las principales ciudades del país el día del golpe de Estado. El pueblo hondureño ya se cansó de una vez por todas de esa falsa paz que hace morir a los pobres mientras los oligarcas y sus testaferros se dan la gran vida entre el ocio y el despilfarro.

Se equivocó el cardenal Rodríguez al creer que con su canto de sirena adormecería los sueños de amor patrio de los hondureños y hondureñas. Honduras es una patria ultrajada por las transnacionales, desgarrada por los oligarcas, engañada por sus políticos y pastores pero sinceramente amada desde lo más profundo de los corazones de los pobres y humildes. De este amor brota la energía imparable de este pueblo que ha dicho ¡Basta Ya!

Mentira Nº 7

Cardenal Rodríguez:

"En momentos de confusión es difícil encontrar documentos que ayuden a entender la verdad. Hasta el jueves después de la salida de Zelaya no conseguimos los documentos originales. Fuimos a buscarlos todos, todos. Y cuando los tuvimos convocamos una reunión plenaria de la Conferencia Episcopal para redactar el comunicado. Lo suscribieron todos los obispos".


El cardenal Rodríguez deja al desnudo su condición de convencido de las mentiras que proclaman los golpistas del Opus Dei. Es meritorio de su parte afirmar que antes del golpe de Estado no tuvo acceso a ningún documento "que le ayudara a entender la verdad" que querían imponer los oligarcas al acusar al presidente Zelaya de corrupto, traidor a la constitución, etc. Y no tuvo acceso a ellos sencillamente porque esos documentos de soporte al golpe nunca existieron antes del mismo golpe, ni hubo ningún veredicto previo de juicio alguno que llevara a la destitución del presidente Zelaya. Reconoce el cardenal que no fue sino hasta el jueves 2 de julio, cuatro días después del golpe de Estado, que tuvo acceso a los documentos que inculpaban al presidente Zelaya; que son justamente los documentos inventados y fabricados ex post por los golpistas para justificar el golpe de Estado.

Resulta difícil comprender cómo una persona, con una inteligencia tan lúcida y candidata al trono de Pedro, no se haya percatado a tiempo de lo que tramaron los golpistas para hacer aparecer la acción del golpe de Estado como sucesión constitucional: Primero, el mismo día del golpe de Estado cínicamente se atrevieron a dar lectura en el congreso nacional de una carta de renuncia que había enviado el presidente Zelaya y nadie les creyó, a excepción del cardenal y por eso afirmó en la cadena nacional que Zelaya ya no era presidente cuando fue capturado. Después se inventaron una orden de captura que tampoco nadie ha creído (y por prestarse a la emisión falsa e improcedente de la misma el gobierno de los Estados Unidos retiró su visa al magistrado de la corte suprema de justicia que incurrió en abuso de autoridad). Sólo el cardenal cree que esta orden de captura fue emitida antes del 28 de junio. Finalmente los golpistas se inventaron no menos de 18 acusaciones en contra del presidente Zelaya y dijeron que darían orden a la INTERPOL para su captura; y esta entidad policíaca internacional desestimó sus pedidos por incongruentes. Finalmente aparecen el fiscal golpista y el dictador Micheletti diciendo que Zelaya será capturado en cuanto ingrese al país. Mientras tanto el presidente Zelaya lleva dos intentos por ingresar a Honduras y no sólo no lo capturan sino que no le permiten ingresar. Pero el cardenal jura que estas acusaciones son verdaderas y justifican el golpe de Estado. ¡Qué disparate!

Mentira Nº 8

Cardenal Rodríguez:

"El comunicado no lo hice yo. Todos los obispos decidieron la postura a tomar. Fuimos todos".

En Honduras conocemos muy bien la trayectoria política del cardenal Rodríguez y la del resto de obispos, y sabemos por ello, con certeza suficiente, que el comunicado episcopal de adhesión a los golpistas leído por el cardenal Rodríguez, es obra de él y nunca del colectivo de obispos. Y llama la atención la falta de insolidaridad de parte del cardenal al tratar una y otra vez de inculpar a los demás obispos en esta acción que sólo puede ser producto de su mente.

Los obispos de Honduras, si bien nunca han sido oficialmente curas revolucionarios, tampoco se puede decir de ellos que han vivido recostados permanente y servilmente en el lecho de los oligarcas. Sus quehaceres pastorales se han mantenido en equilibrio de fidelidad al evangelio aunque evitando chocar frontalmente con los poderes fácticos del país. Más todavía, es seguro que respecto de la crisis política que se vivía en Honduras antes del golpe de Estado, muchos de ellos no compartían totalmente las acciones del presidente Zelaya; pero de las discrepancias normales a llegar a bendecir un golpe de Estado hay una distancia abismal y perversa que los obispos de las diferentes diócesis nunca recorrieron; y no sólo no recorrieron, sino que inclusive algunos de ellos se han manifestado desde sus diócesis condenando el golpe de Estado.

Monseñor Ángel Garachana, obispo de la ciudad industrial de Honduras, sin confrontar o haciéndolo lo menos posible, se ha mantenido como servidor de los pobres y humildes de Dios. Los obispos Raúl Corriveau, Juan Luis Giason y Guido Plante, son ejemplo de personas prudentes y humildes con carácter. Quizá por el hecho de ser misioneros de procedencia extranjera no emiten juicios abiertos sobre la realidad nacional, pero tampoco son dóciles a los dictados de la oligarquía; y no les suele faltar la inteligencia crítica para acompañar con sus palabras serias y objetivas las reflexiones sobre la realidad en los encuentros del clero o de toda la comunidad pastoral de sus respectivas diócesis. Monseñor Mauro, de la diócesis de Olancho, con su temple de gringo buenón e ingenuo se muestra siempre temeroso de las ideologías pero en la práctica es un hombre que se desvive por su pueblo, especialmente por los jóvenes, los campesinos y las mujeres organizadas en las comunidades. A Monseñor Luis Santos le corresponde pastorear una región donde están en mayor número los pobres más pobres de Honduras conviviendo con grandes familias de hacendados y cafetaleros. En este contexto, ha echado a andar el más grande programa de evangelización en Honduras centrado en las comunidades eclesiales de base, y lo ha hecho conciliando diferentes intereses y llamando a todos, ricos y pobres, a creer en la vida en la comunidad. Monseñor Solé, obispo de los campesinos y de los pueblos negros y misquitos, tampoco es un hombre de pactos con la oligarquía o con los narcotraficantes de gran calibre tan comunes en su diócesis. Es un servidor que se caracteriza por su humildad y cercanía con los más pobres. Estos obispos no serán la suma perfección, quizá el pueblo cristiano espere un poco más de palabra y acciones proféticas venidas de ellos, pero traidores a la Iglesia entendida como Pueblo de Dios nunca lo han sido y no lo son en este momento.

En contraposición a esta pléyade de pastores está el cardenal Oscar Andrés Rodríguez y sus dos obispos auxiliares de la arquidiócesis de Tegucigalpa, Juan Pineda y Darwin Andino. Justamente durante el trimestre anterior al golpe de Estado los medios de comunicación hablados y escritos, propiedad de los empresarios golpistas, que son la mayoría y los de más amplia cobertura nacional, desarrollaron una campaña mediática permanente llena de falsedades y de acoso al gobierno del presidente Zelaya y las organizaciones populares. En esta campaña el cardenal Rodríguez prácticamente brilló por su ausencia; no obstante, sus obispos auxiliares se turnaban constantemente uno y otro para estar en los periódicos y telenoticieros defendiendo y bendiciendo las mentiras de los empresarios y políticos golpistas en contra del presidente Zelaya y su gestión gubernamental. El silencio del cardenal ya se veía sospechoso porque siempre le gusta estar en los medios y esta vez, mientras él callaba, sus auxiliares se desbocaban en contra del presidente electo democráticamente. Es importante, además, resaltar que durante estos meses ningún otro obispo del país se prestó para legitimar moralmente, desde los medios golpistas, las calumnias que se vertían contra los funcionarios del poder ejecutivo y los dirigentes populares.

Por estas razones sabemos, sin temor a equivocarnos, que la entrega de la Iglesia hondureña a la oligarquía no es obra y gracia de los obispos hondureños sino del cardenal Rodríguez y sus ad láteres auxiliares. Más allá de todo documento firmado por la conferencia episcopal que el cardenal Rodríguez anda exhibiendo a periodistas internacionales, con el único fin de inculpar junto a él al resto de obispos, nos queda suficientemente clara la praxis de nuestros pastores y no vamos a permitir que el cardenal Rodríguez ensucie sus nombres. Con el mismo cinismo con que el cardenal Rodríguez pretende ahora negar que hubo golpe de Estado podría también, con tal de recuperar su condición de papable, decir ante los medios de comunicación internacionales que fue víctima de una apreciación equivocada de los obispos hondureños. La perversión del cardenal Rodríguez parece no tener límites.

¿Pudo el cardenal Rodríguez haber engañado a los demás obispos presentándoles documentos falsos de inculpación del presidente Zelaya para atraer la voluntad de ellos y apoyar el golpe de Estado? ¿Pudo el cardenal Rodríguez demandar de los obispos la utilización de la cobertura institucional de la Conferencia Episcopal para apoyar a los y las golpistas del Opus Dei? ¿Pudo el cardenal Rodríguez, después de pronunciarse a favor del golpe de Estado, llamar al silencio a los demás obispos y manifestarse sólo él con sus obispos auxiliares, así como lo hizo con los superiores de las órdenes y congregaciones religiosas con presencia en Honduras, al pedirles que se abstuvieran de pronunciarse sobre la crisis actual y que dejaran a los obispos hacer lo suyo?

El Cardenal Oscar Rodríguez y los obispos auxiliares Juan Pineda y Darwin Andino se constituyen entonces en el trío de la vergüenza y la indignidad, y son los que han pretendido vender la honra de la Iglesia catracha a los grandes oligarcas de la nación, guiados por las prominentes figuras del opus Dei que participaron en el golpe de Estado y ahora se han hecho del poder nacional. Estos pseudopastores deberán saber que la Iglesia hondureña no está en venta ni se ha entregado en maridaje político a los empresarios golpistas árabe/criollos.

Mentira Nº 9

Cardenal Rodríguez:

"Los documentos prueban que las instituciones [del Estado que participaron en el golpe] operaron correctamente y se cumplió la Constitución".

Miente perversamente una vez más el cardenal Rodríguez. Los textos de la Constitución muestran fehacientemente que la carta magna de la nación hondureña fue violada con premeditación, alevosía y ventaja por parte de los funcionarios del poder judicial, congreso nacional, ministerio público, comisionado nacional de derechos humanos y las trágicas fuerzas armadas que planificaron y ejecutaron el golpe de Estado. Para demostrarlo es preciso detenerse en algunos artículos constitucionales:

Violación del artículo 242 de la Constitución. Este artículo se refiere a la ausencia definitiva del presidente de la república. Acota que "Si la falta del Presidente fuera absoluta, el Vicepresidente ejercerá la titularidad del Poder Ejecutivo por el tiempo que le falte para terminar el período constitucional. Pero si también faltare de modo absoluto el Vicepresidente de la República, el Poder Ejecutivo será ejercido por el Presidente del Congreso Nacional y, a falta de éste, por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, por el tiempo que faltare para terminar el período constitucional".

Es claro que el artículo se refiere a una ausencia absoluta del presidente. Pero el presidente Zelaya no había incurrido de ninguna manera en alguna ausencia absoluta. El 28 de junio no se ausentó del poder sino que lo ausentaron del mismo al asaltar los militares su casa en plena madrugada, capturarlo y trasladarlo fuera del país. La carta de renuncia con la que los infames diputados pretendían crear la justificación de la ausencia absoluta no fue creída por nadie y fue desmentida de inmediato por el presidente Zelaya en el exilio. Pero el cardenal sí hace suya esta mentira de los golpistas al tratar de justificar la toma del ejecutivo por el presidente del congreso nacional, Roberto Micheletti, como sucesión democrática. El cardenal debe haber mentido a los obispos y miente ahora al pueblo hondureño y a la comunidad internacional al decir que el golpe de Estado se llevó a cabo conforme a la Constitución. Este artículo constitucional muestra lo contrario.

Violación al artículo 99 de la Constitución. "El domicilio es inviolable. Ningún ingreso o registro podrá verificarse sin consentimiento de la persona que lo habita o resolución de autoridad competente. (…). Exceptuando los casos de urgencia, el allanamiento del domicilio no puede verificarse de las seis de la tarde a las seis de la mañana, sin incurrir en responsabilidad".

La casa de habitación del presidente Zelaya fue violentada por los militares, quienes a tiros redujeron a la impotencia a la guardia presidencial y penetraron a la fuerza adentro de la misma. Todavía pueden apreciarse los impactos de las balas en las paredes de dentro de la casa. El asalto se produjo a las 5 de la mañana, cuando la ley habla de proceder entre las 6 de la mañana y las 6 de a tarde. ¿No se viola este artículo de la Constitución? No, según el cardenal Rodríguez.

Violación al artículo 102 de la Constitución. "Ningún hondureño podrá ser expatriado ni entregado por las autoridades a un Estado extranjero".

El presidente Zelaya fue capturado siendo objeto de todos los vituperios posibles y trasladado en un avión de la Fuerza Aérea de Honduras, sin portar nada más que su pijama, a la ciudad de San José, república de Costa Rica; donde fue abandonado en la pista del aeropuerto Juan Santamaría. Con semejante insulto a la ley y a la dignidad de un ser humano que la mayoría del pueblo hondureño había escogido como su presidente ¿todavía tiene el cardenal Rodríguez el descaro de decir que "las instituciones operaron correctamente y se cumplió la Constitución"?

Violación al artículo 84 de la Constitución. "Nadie podrá ser arrestado o detenido sino en virtud de mandato escrito de autoridad competente, expedido con las formalidades legales y por motivo previamente establecido en la Ley. (…) El arrestado o detenido debe ser informado en el acto y con toda claridad de sus derechos y de los hechos que se le imputan; y además, la autoridad debe permitirle comunicar su detención a un pariente o persona de su elección".

Los militares que dieron captura del presidente Zelaya no portaban ninguna orden de allanamiento de morada ni de captura emitida por juez competente. Además, La ley manda que las capturas sean realizadas por la policía, no por el ejército. Según cuenta el presidente Zelaya, los militares que le capturaron no le presentaron ninguna nota ni fue informado de lo que ocurría y tampoco se le permitió comunicarse con sus familiares. La orden judicial que los golpistas presentan ahora fue fabricada después del asalto, luego que nadie les creyera que el presidente Zelaya había presentado una carta de renuncia a la presidencia. Sólo el cardenal Rodríguez cree que esta orden de captura procedió en tiempo y forma.

Mentira Nº 10

Cardenal Rodríguez:

"La Constitución dice con mucha claridad que el jefe de Estado que proponga un cambio para poder seguir en la presidencia cesa de inmediato en su cargo. Eso quiere decir que cuando Zelaya fue capturado por el Ejército ya no era presidente de la República. Cesó en el desempeño de su cargo".

En ningún momento el presidente Zelaya manifestó públicamente que quería ser reelecto como presidente ni tampoco hay quien dé cuenta que en privado lo haya hecho. Sin embargo, si el cardenal Rodríguez o cualquiera otra autoridad estaba seguro de esa pretensión debió iniciar inmediatamente un juicio político que llevara a la condenación y expulsión del presidente Zelaya del poder ejecutivo. Esto nunca sucedió. El presidente Zelaya convocó a una consulta popular para saber si el pueblo estaba de acuerdo en colocar una cuarta urna el día de las elecciones del próximo 26 de noviembre.

El artículo 89 de la Constitución es claro: "Toda persona es inocente mientras no se haya declarado su responsabilidad por autoridad competente". Sin embargo, el cardenal Rodríguez condena al presidente Zelaya antes de que éste haya sido condenado por algún tribunal y, más aún, antes de que se hubiera formalizado algún juicio en contra de su persona.

Si nunca hubo acusación formal en contra del presidente Zelaya ante los tribunales tampoco pudo haber alguna condena; por lo que su arresto y captura no procede de ninguna manera. Sólo el cardenal Rodríguez se atreve a asegurar en esta entrevista "que cuando Zelaya fue capturado por el Ejército ya no era presidente de la república"; es decir, había sido defenestrado antes de ser acusado y vencido en juicio.

Mentira Nº 11

Cardenal Rodriguez

"Para pacificar al país sería más prudente y más patriótico que [Zelaya] renunciara a regresar de inmediato".

¿Por qué tienen que ser los pobres quienes siempre ceden y pierden? El pueblo, que en sufragio universal eligió por mayoría a Manuel Zelaya como su presidente, ahora tiene que ceder su derecho para satisfacer los caprichos golpistas de las 10 familias dueñas de Honduras. ¿A qué tipo de justicia apuesta el cardenal Rodríguez? Mientras el mundo entero repudia el golpe de Estado y exige que se haga justicia al pueblo hondureño devolviéndole el poder a quien el pueblo escogió, el cardenal demanda que ese hombre escogido por el pueblo no regrese a gobernar y le hace responsable de que haya un baño de sangre en la población. ¿Olvida el cardenal Rodríguez que las armas que matan están en manos de los golpistas mientras que el pueblo que pide el retorno del presidente Zelaya está formado por descalzos y harapientos? En el baño de sangre que ocurriría, según el cardenal Rodríguez, si el presidente Zelaya regresa, la sangre la pone el pueblo mientras que el baño [de plomo] lo hacen las fuerzas golpistas. Si el llamado del cardenal Rodríguez hubiera sido motivado por una preocupación sincera por el pueblo, ese llamado hubo de hacerlo al ejército y a sus hermanos civilones golpistas del Opus Dei.

Mentira Nº 12

Cardenal Rodríguez

"¿Con qué boca se puede pedir que regrese quien ha saqueado al Estado tan impunemente?"

Otra gran mentira del cardenal y la oligarquía es el tan cacareado saqueo de las arcas del Estado. Tras asaltar el Estado hace cincuenta días, las arcas del Banco Central de Honduras han provisto los recursos financieros para trasladar fondos a las municipalidades por más de 300 millones de Lempiras, reparar bordos, y pagar salarios el día exacto, 20 de julio, a todo el personal de gobierno con una suma aproximada de mil quinientos millones de Lempiras.

Si fuera cierto que el presidente Zelaya tenía en quiebra al país, lo que los golpistas hubieran encontrado sería deudas. A pesar del retiro de la ayuda de los organismos multilaterales al gobierno golpista, éste hasta ahora no ha necesitado siquiera devaluar la moneda, posponer pagos internos, etc. Estamos, pues, ante una mentira que repite el cardenal y que la realidad se encarga de palidecer. El Estado, lejos de haber sido saqueado fue fortalecido, eso sí, fue fortalecido a favor de la población, no de los banqueros y empresarios y esto no se lo perdonaron nunca al presidente Zelaya.

Sin embargo, bien se puede decir que quien ha saqueado el Estado hondureño es el propio cardenal Rodríguez. Según el Acuerdo Ejecutivo Nº 046-2001, firmado por el también golpista y otrora presidente Carlos Flores Facussé, el cardenal Rodríguez percibe mensualmente, desde el año 2001, la cantidad de 100 mil Lempiras mensuales que salen de la partida presupuestaria de casa presidencial. Ambos golpistas, el ex presidente Flores y el cardenal Rodríguez, violaron la Constitución que ahora dicen defender porque la misma niega que el Estado se una en maridaje con Iglesia alguna, ya que el Estado es constitucionalmente seglar. Por esta razón, el cardenal Rodríguez ha sido denunciado ante el ministerio público por abogados del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia para que devuelva lo que saqueó al Estado y se le deduzcan las respectivas responsabilidades civiles y criminales.

Mentira Nº 13

Cardenal Rodríguez:

[¿En qué se equivocaron los que detuvieron a Zelaya?] "En mandarlo a Costa Rica. Pero hay una explicación de un jurídico militar. La gente de Zelaya asaltó una base aérea. ¿Dónde habrían podido mantener preso a Zelaya? Las islas que tenemos son muy turísticas. Y eso habría representado una violación de todos los derechos humanos".

No se puede alegar que el traslado fuera del país del presidente Zelaya en un avión militar se hizo apelando al principio jurídico de Estado de Necesidad, ya que el Presidente no corría ningún peligro dentro de su casa, ni tampoco estaba escapándose porque ni siquiera sabía lo que habían tramado los golpistas. Y no es cierto que "la gente de Zelaya asaltó una base aérea". El mismo presidente, en su condición de comandante general de las fuerzas armadas, fue a recoger las urnas a las bodegas de la fuerza aérea. Y se hizo acompañar de gente ante la desobediencia de las fuerzas armadas en colaborar con la distribución de las urnas en todo el país.

A modo de conclusión: las pretensiones del Cardenal Oscar Andrés Rodríguez
Lo ocurrido en Honduras fue un golpe de Estado y es de necios negarlo. La ciencia jurídica más una lectura elemental de la Constitución hondureña lo demuestran sin lugar a dudas y así lo entienden la mayoría de hondureños y hondureñas, y el resto de la comunidad internacional. El golpe de Estado sólo es negado por un sector de la oligarquía hondureña (la árabe/criolla), los golpistas del Opus Dei y la ultraderecha de América Latina y de los Estados Unidos de América.

El golpe de Estado acaecido el pasado 28 de junio ha hundido a la población hondureña en una crisis sin precedentes en la que, como siempre, los sectores más vulnerables se llevan la peor parte. Las ocho personas muertas en las diferentes manifestaciones habidas hasta ahora han sido personas contrarias al golpe de Estado y han sido asesinadas por francotiradores y sicarios que matan exactamente como lo hacían los escuadrones de la muerte en la década de los ochenta, uno de cuyos jefes buscados por la justicia internacional, el señor Billy Joya, ahora funge como asesor presidencial en el gobierno golpista que defiende el cardenal Rodríguez. Son cientos de miles de personas que de forma intermitente están participando en las manifestaciones en todo el país sin recibir nada a cambio más que la satisfacción que produce estar al lado de la justicia. Los heridos y apresados también suman cientos de personas, atacadas por defender la institucionalidad democrática y hacer uso al derecho de insurrección que la misma Constitución otorga.

El señor Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga ha irrespetado su posición eclesiástica al unirse con los golpistas y atacar al pueblo hondureño y sus instituciones democráticas; parcializándose ante una situación tan crítica para la sociedad hondureña en un momento en que la Iglesia, en cualquier otra parte del mundo, suele jugar el rol de mediadora, consoladora y unificadora de la sociedad; ultrajando heréticamente la fe en el Dios de la vida que dice proclamar al aliarse con las fuerzas de la muerte. Y, a cincuenta días de resistencia nacional contra el golpe, ahí están nuestros hermanos asesinados a sangre fría por manos militares asesinas legitimadas con la palabra igualmente asesina del cardenal Rodríguez.

Honduras, uno de los pueblos más pobres y humildes de nuestro planeta, es ahora trinchera donde el amor, la verdad y la justicia se enfrentan a los malditos de este mundo bendecidos por el cardenal golpista Su Excelencia Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga.

- Juan Antonio Mejía Guerra, Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia. Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe de Estado en Honduras