25 abril 2014, RIA Novosti РИА Новости http://sp.ria.ru
(Rússia, Россия)
“No juegues con el fuego”-decía mi
padre/”No tires piedras al agua”-decía mi madre (Rasul Gamzatov, 1923-2003)
Columna semanal de Vicky
Peláez
Los últimos acontecimientos en Ucrania,
siguiendo al pie de la letra el guión escrito por Washington con la cooperación
de Bruselas, dieron nueva esperanza a la vieja Organización del Tratado de
Atlántico Norte (OTAN) la que después de la desintegración de la Unión
Soviética en 1991 estaba buscando desesperadamente un enemigo para justificar
su existencia. Por eso, no es de extrañar la belicosidad del Secretario General
de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen amenazando a Rusia por supuestamente ser
responsable de lo que se está pasando en Ucrania y, en especial por su
“anexión” de Crimea. Hace poco Rasmussen declaró que “tendremos más aviones en
el aire, más buques de guerra en el mar y estaremos mejor preparados en
tierra”, refiriéndose a una posible intervención militar de Rusia en Ucrania.
También exigió las sanciones económicas más severas contra el país de Vladimir
Putin.
Para entender la política de los líderes
de esta organización y su actitud hay que seguir la ruta del dinero. Resulta
que para este año Washington aportará a la OTAN algo de 280 mil millones de
dólares que constituyen el 70 por ciento de su presupuesto que asciende a unos
400 mil millones de dólares anuales. Si tomamos en cuenta que el presupuesto
del Pentágono para el 2014 es de 680 mil millones de dólares, sin contar gastos
para las armas nucleares, las operaciones clandestinas de la CIA utilizando
drones y fuerzas especiales y los gastos de la NASA para el programa
especial vinculado a los sistemas de misiles, llegaremos a la conclusión que
los gastos militares de los EE.UU. junto con los de la OTAN superan un millón
de millones de dólares al año.
En realidad la OTAN es un brazo militar
y político de Washington en Europa igual como la OEA en América Latina cumple
el rol del instrumento político de los Estados Unidos. Fue precisamente EE.UU.
que decidió edificar un “Muro de la OTAN” alrededor de Rusia al comienzo de
1990, a pesar de la promesa dada en febrero de 1990 por el secretario de Estado
James Baker al presidente de la URSS, Mikhail Gorbachov. Este dijo que “no
habrá ninguna extensión de la jurisdicción de la OTAN para sus tropas ni una
pulgada hacia el este”. Ahora resulta que ya en aquel entonces se planificaba
la expansión de la OTAN y la única cuestión era “si expandirse o no, sino
cuando”, según el libro de James Goldgeier, “Not Whether but When: the US
Expansion to Enlarge NATO”.