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segunda-feira, 16 de março de 2015

Abya yala, Patria Grande/DE SALVADOR ALLENDE A HUGO CHÁVEZ, EL SOCIALISMO CONTRA LA BARBARIE

14 marzo 2015, Rebelión http://www.rebelion.org (México)

InvestigAction

Karl Marx escribió un dia “la sociedad que no conoce su historia está condenada a revivirla”. Es este el caso de la revolución bolivariana que celebra este año su dieciseisavo aniversario de lucha? La experiencia venezolana conocerá el mismo final que la revolución chilena conducida por Salvador Allende? Es en todo caso el sueño de cada noche de los opositores a la revolución venezolana. La extrema derecha venezolana apoyada por los estados Unidos se imagina en nuevo Pinochet. Washington de su parte se imagina un nuevo 11 septiembre venezolano por referencia al 11 septiembre 1973 en Chile. Se confirma que los enemigos de la revolución son siempre los mismos: la oligarquía apátrida y el imperialismo estado-unidense. Los primeros desean recuperar sus privilegios, los segundos apropiarse de nuevo del petróleo. Pero el gobierno venezolano apoyado por una mayoría de su pueblo se opone activamente a que esto ocurra…

Más de 40 años han transcurrido desde el golpe de estado del general Augusto Pinochet en Chile. Después de las décadas negras que ha conocido una América Latina enfrentada a múltiples dictaduras, después de la “década perdida” de los años 1990 que fueron marcadas por las políticas neoliberales y sus desastrosas consecuencias, los años 2000 marcaron un punto de inflexión para el continente latino-americano. De Nicaragua a Argentina pasando por Bolivia, las políticas redistributivas se han puesto en marcha de forma más o menos radical. Un país, Venezuela, se convierte en la punta de lanza de esta resurrección latino-americana. Conducida por su carismático presidente Hugo Chávez, la nación caribeña inicia

terça-feira, 18 de março de 2014

AMÉRICA LATINA: UNA DERECHA ENVALENTONADA Y AGRESIVA

17 marzo 2014, TeleSUR http://www.telesurtv.net (Venezuela)

Por Rafael Cuevas Molina

No es el momento de discutir si tal o cual país adelanta suficientemente o no en las reformas sociales que son necesarias. Se trata de cerrar filas para evitar que avance esta derecha que solo cree en la democracia del diente al labio, es decir, cuando le sirve de estratagema para mantener sus privilegios.

La derecha latinoamericana pasó a la ofensiva desde que se gestó el golpe de estado en Honduras. Antes, especialmente desde la Cumbre de Mar del Plata en 2005, había asistido desconcertada al avance de las posiciones progresistas y de izquierda, que tenían una agenda propositiva que prometía no solo adelantar cambios importantes en varios países, tratando de dejar atrás los años de aplicación del modelo neoliberal, sino también lograban articularse continentalmente a través de organismos creados para promover la colaboración y el entendimiento entre los latinoamericanos.

En este nuevo proceso que tiene a la derecha latinoamericana a la ofensiva, hay patrones comunes de su comportamiento político que se reproducen sistemáticamente en cada uno de los países en donde logra tener protagonismo. Se advierte que esos patrones de comportamiento político no se manifiestan, sin embargo, solamente en nuestro continente.

Se pueden apreciar claramente en los recientes sucesos en Ucrania, por ejemplo, en donde el guion de la desestabilización se repite de forma tal que cualquier observador que siga los acontecimientos en ese país, por poco atento que sea, podría predecir los pasos que dará la oposición próximamente en Venezuela.

segunda-feira, 9 de setembro de 2013

Chile/SALVADOR ALLENDE, 43 AÑOS DESPUÉS



8 septiembre 2013, Rebelión http://www.rebelion.org (Mexico)

Victoria electoral, ofensiva terrorista y el papel de la Casa Blanca: Lecciones para el presente



El 4 de Septiembre de 1970 Salvador Allende, el candidato de la Unidad Popular -coalición formada por los partidos Comunista, Socialista y Radical y otras tres pequeñas agrupaciones políticas-obtenía la primera minoría en las elecciones presidenciales chilenas. Allende representaba la línea más radical del socialismo chileno y durante la década de los sesentas había demostrado en los hechos su profunda solidaridad y amistad con el pueblo y el gobierno cubanos, al punto tal que cuando se crea la OLAS, la Organización Latinoamericana de Solidaridad, para defender a la cada vez más acosada Revolución Cubana la presidencia de esta institución recayó en las manos del por entonces senador chileno. Tres candidatos se presentaron a las elecciones del 4 de Septiembre: aparte de Allende concurría el candidato de la derecha tradicional, y ex presidente, Jorge Alessandri; y el de la desfalleciente y fracasada democracia cristiana, Radomiro Tomic, mal posicionado debido al fiasco que había sido la tan mentada “Revolución en Libertad” con que Washington había querido sofocar la rebeldía popular incesantemente impulsada a nivel continental por el ejemplo luminoso de Cuba. Al final de la jornada el recuento arrojó estos guarismos: Allende (UP), 1,076,616 votos; Alessandri (Partido Nacional), 1,036,278; y Tomic (DC), 824,849. Pero la legislación electoral de Chile establecía que si el candidato triunfador no obtenía la mayoría absoluta del voto popular el Congreso Pleno debía elegir al nuevo presidente entre los dos más votados. A nadie se le escapaba la enorme significación histórica que asumiría la consolidación de la victoria de Allende: sería el primer presidente marxista de la historia, que llegaba al poder en un país de Occidente, ¡y nada menos que en América Latina!, en el marco de las instituciones de la democracia burguesa y en representación de una coalición de izquierda radical. El impacto en la derecha latinoamericana y mundial de la victoria de Allende fue enorme, y tremendas presiones desestabilizadoras se desataron desde la misma noche de su victoria.

A los efectos de que el Congreso ratificara su victoria (que era lo único que podía legítimamente hacer) hubo que vencer enormes obstáculos. El PN se negaba a ello y la DC estaba dividida. Para salir del atolladero la DC exigió, para emitir su voto favorable, que Allende firmara un “Estatuto de Garantías Constitucionales”. En realidad, era una mafiosa extorsión encaminada a frustrar la viabilidad del programa de transición al socialismo.

sábado, 12 de setembro de 2009

Chile/UNA CONSPIRACIÓN MEDIÁTICA DERROCÓ A ALLENDE HACE 36 AÑOS

11 septiembre 2009/ABN (TeleSUR http://www.telesurtv.net)

Solo la unidad latinoamericana, y con el recuerdo vigente de Salvador Allende hoy y siempre, podremos construir los sueños de una Patria Grande para nuestros pueblos.

En ninguna parte del mundo, en ninguna época, los medios de comunicación han sido inocentes espectadores cuya única labor es informar. Habría que ser muy ingenuo para no darse cuenta de que ayer y hoy ciertos medios han tomado posiciones, muchas veces apoyados subrepticiamente por intereses externos. Un ejemplo dramático sucedió hace 36 años, cuando un golpe de Estado terminó con la vida de Salvador Allende y el sueño revolucionario en Chile.

Durante el gobierno de Allende, los medios de comunicación de la derecha chilena desempeñaron un papel fundamental en cuanto a la formación de criterio de la opinión pública. Prensa, radio y televisión apoyaron abiertamente a la derecha para acentuar la polarización.

Desde la campaña presidencial de 1970, la prensa derechista comenzó una campaña publicitaria contra la coalición de la Unidad Popular. El objetivo era claro: desacreditar al socialismo y despertar el miedo entre la población chilena.

Apenas Allende asumió la presidencia, la noticia sirvió como pretexto para defender los intereses de la oligarquía, sector que se encargó de decidir cuáles noticias debían tener una circulación preferencial y cuáles se basarían en la ofensa y el insulto. De hecho, documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) revelan que el gobierno estadounidense financió periódicos y revistas en perjuicio de la administración izquierdista.

Lo que la CIA compró en Chile
El documento presentado por la Comisión del Senado norteamericano presidida por el senador demócrata de Idaho, Frank Church, el 18 de diciembre de 1975, llamado popularmente el Informe Church, deja al descubierto toda la verdad. Allí se afirma que "en Chile entre 1970 y 1973, la CIA y militares americanos establecieron contactos con militares chilenos con el fin reunir materiales de inteligencia y permitir a los Estados Unidos entrar en comunicación con el grupo con más posibilidades para arrebatar el poder al presidente Salvador Allende".

En este informe se responde a la pregunta "¿Qué compró en Chile la CIA con el dinero de esta operación encubierta?", y se responde que dicha agencia "financió actividades cubriendo un amplio espectro, desde simple propaganda manipuladora con la prensa hasta apoyo a gran escala de partidos políticos chilenos, desde encuestas de opinión pública hasta tentativas directas para fomentar un golpe militar".

Más adelante, el informe señala: "El panorama de actividades normales de la Central-CIA en Santiago incluía la inserción de materiales propagandísticos creados por la Central en los medios de comunicación chilenos mediante el pago, apoyo directo a publicaciones y esfuerzos para oponerse a los comunistas y al ala izquierdista de las organizaciones de estudiantes, campesinos y trabajadores".

Sobornos mediáticos
La comisión del Senado norteamericano concluyó que "además de comprar propaganda de forma puntual, la Central a menudo la compraba al por mayor sobornando a medios de comunicación chilenos favorables a los Estados Unidos. Hacer esto era mucha propaganda escrita. En lugar de ubicar artículos individuales, la CIA apoyaba -o incluso fundaba- medios de comunicación afines que podrían no haber existido en ausencia del apoyo de la Agencia".

Uno de los periódicos que ofreció descarado apoyo a la fuerzas derechistas que derrocaron a Allende fue El Mercurio, cuya indigna labor durante aquellos años fue retratada en el documental el Diario de Agustín (2008). El periódico, cuyo director es Agustín Edwars, "tuvo un rol protagónico en el golpe militar en contra de Salvador Allende, un rol protagónico durante la dictadura y la violación de los derechos humanos", declaró Fernando Villagrán, uno de los realizadores del filme.

Agustin Edwards, quien le da el nombre a la producción audiovisual, "es el gran personaje de la vida social chilena, de la elite. El mismo personaje que en los años 70 activó la campaña del terror en contra de la candidatura de Salvador Allende, viajó personalmente a los Estados Unidos para hablar con Henry Kissinger y obtener recursos de Richard Nixon para hacer la campaña que provocó el golpe militar en Chile", contó el director del documental.

Mucho más que propaganda
El informe elaborado por la comisión presidida por el senador Church además de dar cuenta de las operaciones de propaganda financiadas por la CIA en Chile a través de los principales medios de comunicación, habla del apoyo de la agencia a los partidos Radical, Nacional y Demócrata Cristiano, y "subvenciones indirectas de Patria y Libertad, un grupo (de ultraderecha) fuertemente enfrentado con Allende".

"Durante el gobierno de Allende, la CIA trabajó para forjar una oposición unificada. La importancia de este empeño puede ser calibrada cuando se observa que los dos principales elementos de la oposición al gobierno de la Unidad Popular eran el Partido Nacional, que era conservador, y el reformista Partido Demócrata Cristiano, muchos de cuyos miembros habían dado apoyo a las principales estrategias políticas del nuevo gobierno", señala el mencionado informe.

Allí se destaca también que Estados Unidos presionó a organismos financieros internacionales para "oprimir" económicamente a Chile, recortando créditos y buscando impedir que el Gobierno de Salvador Allende lograra cumplir con sus objetivos de nacionalización de los recursos naturales y redistribución de la riqueza nacional.

De la misma forma, se menciona el respaldo brindado por el Gobierno norteamericano a través de la CIA a grupos como "la organización de empresarios, asociaciones de la pequeña y la gran empresa y un abanico de organizaciones formado por grupos de la oposición" que con la excusa de realizar actividades de promoción de la ciudadanía, recibían fondos para promover huelgas patronales y sabotajes contra el gobierno progresista chileno: "Está claro que los huelguistas en contra del gobierno eran activamente apoyados por varios grupos del sector privado, los cuales recibían fondos de la CIA".

El grupo dirigido por Church dio cuenta expresamente que "a los chilenos que se inclinaban a protagonizar un golpe se les aseguró apoyo a los más altos niveles del gobierno de los Estados Unidos tanto antes como después del golpe".

El informe de la comisión electa por el Senado norteamericano deja una amarga conclusión: "Durante 1970 el gobierno de los Estados Unidos intentó, secretamente, evitar que Allende llegara a la presidencia de Chile. Cuando todo esto falló, el apoyo secreto a su oposición formó una tríada de acciones oficiales: ayuda encubierta a fuerzas de la oposición, una postura diplomática fría pero correcta, y presión económica. Del apoyo a fuerzas que los Estados Unidos consideraron como democráticas y progresistas en Chile, al final hemos terminado apoyando y animando el derrocamiento de un gobierno elegido democráticamente".

Son arrepentimientos que llegaron tarde y no dejaron ninguna enseñanza, pues la CIA y sus organismos allegados siguen utilizando las mismas tácticas de soborno mediático para intentar desprestigiar gobiernos con tendencias políticas que les resultan incómodas. Demostraciones recientes las tenemos en el golpe de Estado en Honduras y las vemos a diario en nuestro país con una conspiración de medios derechistas apoyada desde afuera con el único objetivo de atacar a la Revolución Bolivariana.

sábado, 13 de setembro de 2008

Hace 35 años derrocaron al presidente de Chile Salvador Allende

Las circunstancias de la muerte de Salvador Allenden lo convirtieron en un símbolo de la historia política de Chile y de los pueblos progresistas de Latinoamérica.

El fin del gobierno de Allende dio inicio al Régimen Militar, una cruel dictadura encabezada por Pinochet, que duraría poco más de 17 años, dejando un saldo de más de 3 mil desaparecidos.

12 septiembre 2008/TeleSUR http://www.telesurtv.net/

El 11 de septiembre de 1973 el Ejército de Chile derrocó al presidente constitucional, Salvador Allende. El golpe de Estado derivó en la muerte, a sus 65 años, del líder socialista y dio comienzo al genocidio de miles de chilenos.
La acción, planeada por generales de los Altos Mandos de las Fuerzas Armadas y de Carabineros (policía uniformada), fue dirigida por el general del Ejército Augusto Pinochet Ugarte, quien recibió íntima colaboración de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), y de varios grupos de poder nacionales e internacionales.
El fin del gobierno de Allende dio inicio al Régimen Militar, una cruel dictadura encabezada por Pinochet, que duraría poco más de 17 años, dejando un saldo de más de 3 mil desaparecidos.
Allende, electo mediante el voto popular el 4 de septiembre de 1970, se mantiene como uno de los personajes más simbólicos de la historia política de Chile y de los pueblos progresistas de Latinoamérica.
A pesar de defender la vía pacífica al socialismo, que postulaba un socialismo democrático y pluripartidista, los mil días del gobierno de Allende concluyeron ese 11 de septiembre de 1973.
Sentencia de muerte
Una vez que Allende asumió la presidencia comenzó la historia para avanzar en la construcción del socialismo por la vía no armada.
Se reanudaron las relaciones diplomáticas con todos los países socialistas. Especial significación tuvo el restablecimiento de las relaciones con Cuba, lo que ayudaba a romper el injusto bloqueo impuesto a la isla por EEUU.
Se profundizó la Reforma Agraria, con la expropiación de tierras. El Gobierno Popular puso fin al latifundio en 1972 y se inició la nacionalización del cobre.
También se nacionalizó la Banca privada, asestando un duro golpe a la oligarquía financiera.
Este conjunto de medidas estructurales provocaron reacciones brutales y se inició un bloqueo económico internacional por parte de Estados Unidos, con el congelamiento de las ventas del cobre en el exterior, mientras que en Chile, la reacción implementó el sabotaje interno, el acaparamiento de mercaderías, insumos y repuestos.
Las campañas de prensa de desprestigio, los llamados y presiones de la derecha y el imperio a las Fuerzas Armadas (FFAA) para que asestaran un golpe de estado, fueron cada día de mayor intensidad.
El Congreso, con mayoría demo-derechista, aprobó un voto que planteó la inconstitucionalidad del Gobierno Popular; ello le otorgó a los golpistas la legitimidad para el golpe de Estado.
El golpe comenzó en la madrugada
El primer intento para derrocar a Allende se materializó en junio del 73, mediante el "Tanquetazo" que fracasó. Luego el 29 de julio asesinaron al edecán de Allende, el comandante Araya Peters, a la vez que seguían las presiones contra los uniformados leales al Gobierno.
El golpe estaba planificado para el 15 ó 16 de septiembre con el fin de camuflar su preparación con la movilización de tropas de la tradicional parada militar del 19 de septiembre, aunque después se anticipó para el día 11.
La acción militar comenzó de madrugada, con el alzamiento de la Armada. Luego se desencadenó en todo el territorio.
A las 6 y 20 de la mañana de ese día, el presidente recibió una llamada telefónica en su residencia de Tomás Moro informándole del golpe militar en desarrollo. De inmediato pone en estado de alerta a los hombres de su guardia personal y toma la firme decisión de trasladarse al Palacio de la Moneda para defender, desde su puesto de presidente de la república, al gobierno de la Unidad Popular. Lo acompaña una escolta de 23 hombres, armados con 23 fusiles automáticos, dos ametralladoras calibre 30 y 3 bazucas, que se traslada con el presidente en cuatro automóviles y una camioneta al Palacio Presidencial, donde llegan a las 7 y 30 de la mañana.
Portando su fusil automático, el presidente, acompañado por la escolta, penetró por la puerta principal de La Moneda. A esa hora la protección habitual de carabineros se mantenía normal en el palacio.
Ya en el interior se reunió con los hombres que lo acompañaban, les informó de la gravedad de la situación y su decisión de combatir hasta la muerte defendiendo al gobierno constitucional, legítimo y popular de Chile frente al golpe fascista, analizó los efectivos disponibles y dictó las primeras instrucciones para la defensa del Palacio.
Siete miembros del Cuerpo de Investigaciones arribaron para sumarse a los defensores. Las postas de carabineros, mientras tanto, se mantenían en sus puestos y algunos adoptaban medidas para la defensa del edificio. Un pequeño grupo de la escolta personal custodia la entrada del despacho presidencial con instrucciones de no dejar pasar ningún militar armado, para evitar una traición.
En el espacio de una hora se dirige tres veces por radio al pueblo expresando su voluntad de resistir.
Pasadas las 8 y 15, por los citófonos de Palacio la junta fascista conmina al presidente a la rendición y la renuncia de su cargo, ofreciéndole un transporte aéreo para abandonar el país en compañía de sus familiares y colaboradores. El presidente les responde que "como generales traidores que son no conocen a los hombres de honor" y rechaza indignado el ultimátum.
El presidente sostiene en su despacho una breve reunión con varios altos oficiales del Cuerpo de Carabineros que habían acudido a Palacio, los cuales rehúsan cobardemente en aquel instante defender al gobierno. El presidente los reprocha duramente y los despide con desprecio, conminándolos a que abandonen de inmediato el lugar.
A las 9 y 15 de la mañana aproximadamente, se realizan las primeras descargas desde el exterior contra Palacio. Tropas fascistas de infantería, en número superior a doscientos hombres, avanzaban por las calles de Teatinos y Morandé, a ambos lados de la Plaza de la Constitución, hacia el Palacio Presidencial, disparando contra el despacho del presidente. Las fuerzas que defendían el palacio no pasaban de cuarenta hombres.
El presidente ordena abrir fuego contra los atacantes y dispara él personalmente contra los fascistas, que retroceden desordenadamente con numerosas bajas.
La lucha violenta se prolonga más de una hora, sin que los fascistas logren avanzar una pulgada.
A las 12 aproximadamente comienza el ataque de la aviación. Los primeros rockets cayeron en el Patio de Invierno que está en el centro de La Moneda, perforando los techos y estallando en el interior de las edificaciones.
Una explosión quebró cristales próximos al sitio donde se encontraba el presidente, lanzando fragmentos de vidrio que lo hieren por la espalda. Fue ésta la primera herida que sufrió.
A las 2 aproximadamente los fascistas logran ocupar un ángulo de la planta alta. El presidente estaba parapetado, junto a varios de sus compañeros, en una esquina del Salón Rojo.
Es en este momento que se produce su muerte, de la cual persisten varias versiones. Una que murió combatiendo en la defensa del palacio, otra que fue asesinado cuando se encontraba herido y la tercera que se suicidó antes que rendirse.
Esta última recibe más respaldo después de que el presidente ese día declarara por radio Magallanes: "Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo".
Sin embargo, el líder cubano Fidel Castro, amigo de Allende, escribió un testimonio publicado en el libro "Grandes Alamedas: El combate del presidente Allende", de Jorge Timossi, en el que asegura que el presidente chileno fue asesinado luego de recibir dos disparos, uno en su estómago, que no lo hizo sucumbir, y un segundo impacto en el pecho, que lo derribó "y ya moribundo es acribillado a balazos".
Las últimas palabras del compañero presidente Salvador Allende:
"Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza que por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición".

http://www.telesurtv.net/noticias/secciones/nota/32584-NN/hace-35-anos-derrocaron-al-presidente-de-chile-salvador-allende/