Merced a su férreo
control de la prensa gráfica, radial y televisiva la derecha vernácula y el
imperialismo denuncian al gobierno bolivariano por acosar a la oposición y
reprimir manifestaciones “pacíficas”, siendo que sólo lo ha hecho luego de que
las fuerzas de seguridad del estado tolerasen toda clase de agresiones, de
hecho y de palabra, y que los sediciosos se lanzaran “pacíficamente” a
incendiar edificios gubernamentales, medios de transporte o a destruir centros
de salud, escuelas o cualquier propiedad pública.
La pregunta es ociosa,
decíamos, porque la injerencia de Estados Unidos en Venezuela obedece a la
propia lógica del imperio: dado que Washington ejerce un poder global,
planetario, si bien declinante, sería absurdo pensar que permanecería de brazos
cruzados en un país que al día de hoy cuenta con la mayor reserva petrolera
(comprobada por fuentes independientes) del planeta, superiores a las de Arabia
Saudita y situado a pocos días de navegación de su gran centro receptor de
petróleo importado, Houston. Estados Unidos se involucra permanentemente en
todos los países, con variable intensidad según su significación geopolítica
global. Como Venezuela tiene una importancia excepcional en este rubro no es
casual que