8 septiembre 2016, Rebelión
http://www.rebelion.org (Mexico)
Cuando anochecía en Panduro el
jueves 25 de agosto el aire seguía oliendo a gas, dinamita y muerte. Ya se
sabía del espantoso asesinato del viceministro Rodolfo Illanes y en pocas horas
el enorme movimiento de miles de cooperativistas quedó disipado, no por la
fuerza coercitiva del Estado, sino por el repudio generalizado del pueblo.
Los
bloqueos de caminos organizados por la Federación Nacional de Cooperativas
Mineras (Fencomin) configuraron una acción violenta en un contexto de caída de los
precios internacionales de los minerales. Sectores patronales que han acumulado
el poder económico dentro de las cooperativas, querían mantener su tasa de
ganancia logrando por la fuerza tres cosas: 1) Más subvenciones y
financiamientos estatales destinados a su sector, 2) Preservar dentro de las
cooperativas las formas flexibilizadas de explotación de la fuerza de trabajo,
3) El reconocimiento de facto de contratos entre los patrones cooperativistas
con empresas mineras nacionales y transnacionales extranjeras.
Tales objetivos