A un año del adiós al comandante Hugo Chávez
resplandece como la mayor de sus aportaciones políticas el haber trasformado en
conciencia de millones la indispensable unidad de América Latina y el Caribe.
Unidad que él practicó inspirada en hondos sentimientos de amor, solidaridad y
hermandad. Nos enseñó que sin ella no somos ni seremos independientes, girones
inconexos a expensas de los apetitos imperialistas.
Chávez fue al autor principal e inspirador del
entramado institucional que canaliza y consolida esa conciencia: Alba,
Petrocaribe, Unasur, la Celac. Mucho se ha escrito y se escribirá en el futuro
sobre esta portentosa hazaña de uno de los grandes hombres de Nuestra América.
Pero hoy hablaré de otra contribución fundamental de
Chávez a la historia y la cultura política no sólo de Venezuela sino de la
Patria Grande, que es la construcción de esa fuerza social revolucionaria,
profundamente democrática y popular, educada en la lucha antimperialista y
antioligárquica, que es el chavismo.
Corriente de pensamiento y acción política
profundamente renovadora, abreva ante todo en la tradición revolucionaria
venezolana resumida en Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora por
aquellos militares patriotas que hicieron el juramento ante