Centro
Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)
Desfile
de mujeres indígenas con polleras, su traje típico, y las dos banderas
oficiales
del Estado Plurinacional de Bolivia: Wiphala y la
tricolor criolla
El
fascismo, el odio racial, no sólo es la expresión de una revolución fallida
sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una
democratización material alcanzada.
Como
una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las
clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No
gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de
hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en
sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades
carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que
se atrevieron a quitarles el poder.
En
el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4×4 con garrote en mano a
escarmentar a los indios, a quienes llaman “collas”, que viven en los barrios
marginales y en los mercados. Cantan consignas de que “hay que matar collas”, y
si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y
