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AL CONMEMORARSE 188 AÑOS DE INDEPENDENCIA: RESISTENCIA EN HONDURAS RINDE HOMENAJE AL HÉROE FRANCISCO MORAZÁN
Comunicaciones - Vía Campesina en Honduras
Hoy Martes 15 de Septiembre del 2009, es una fecha muy esperada y recordada año a año por todos los hondureños, cuando el país celebra cada año la independencia. Para celebrar esta fecha tan importante, la resistencia contra el golpe de Estado, en sus 80 días de lucha en las calles de todo el país, días antes, hizo el llamado a toda la población hondureña para que se sumara este día a la marcha, no tanto para celebrar la independencia como tal, sino para demostrarle al mundo que nuestra amada Honduras está de luto porque los golpistas continúan empecinados en mantenerse en el poder, pero que hay un pueblo que está exigiendo el retorno al orden constitucional y a la democracia.
En la marcha de hoy, fue indescriptible el apoyo que las y los ciudadanos honestos le brindaron a la resistencia. Muchos niños acompañados de sus padres, incluso varios ciudadanos llevaron hasta sus mascotas a marchar; cientos de jóvenes, adultos y ancianos portando pancartas, banderas, afiches, fotos de los compañeros asesinados en esta lucha mostraron a todo el pueblo su rechazo al golpe de Estado. Esta fue una muy buena oportunidad para que todos los sectores que no se habían pronunciado por cualquier motivo hoy lo hicieran por su propia voluntad, sin que nadie les obligara.
El ambiente que se vivió en las marchas de la resistencia hoy en Honduras dejó un mensaje muy claro de rechazo a los golpistas que realizaban los actos cívicos de esta fecha en el estadio nacional, que lució vacío. Solo acompañaron al gobierno de facto de Micheletti los empleados públicos, a quienes les obligaron a ir a este desfile, y algunos cercanos seguidores de este régimen. Sin embargo, por el lado de la resistencia, la mayoría de ciudadanos acudió al llamado que hizo el frente de resistencia; por iniciativa propia hicieron muchos afiches con mensajes en contra de los golpistas.
En las principales ciudades de Honduras, se llevaron a cabo marchas de la resistencia. Las personas aprovecharon el feriado de hoy para acudir a las protestas. El ambiente en todo el país era similar, pues la euforia se apoderó del pueblo que está cansado de tanto abuso de este régimen de facto, y hoy en día son miles y miles de personas que se han unido a la resistencia por que se restituya el orden constitucional.
La protesta en Tegucigalpa inició al final del boulevard Morazán hacia el centro de la Ciudad capital y donde se encuentra la estatua del héroe Francisco Morazán. La resistencia colocó una bandera color negro y varias ofrendas florales en señal del luto en el que se encuentra el pueblo hondureño desde el pasado 28 de Junio.
La cantidad de personas que asistieron a las diferentes marchas de la resistencia de todo el país fue impresionante. En Tegucigalpa, la plaza central fue insuficiente para albergar a tanto ciudadano y ciudadana, que con mucho entusiasmo participaron en el acto que se desarrolló. En esta marcha estuvo presente la primera dama de la nación Xiomara Castro de Zelaya, junto a su familia y la madre del Presidente Zelaya.
Por otra parte, miembros del frente de resistencia contra el golpe de Estado, tal como se había programado, realizaron un ayuno mundial por Honduras, en Tegucigalpa. Se hizo frente a la catedral en el parque central, lugar donde se desarrollaron los actos de la resistencia. Ahí se encontraban muchos compañeros en ayuno y solidaridad con la resistencia. Los manifestantes que pasaban por ese lugar en la marcha de hoy se solidarizaban con estos compañeros y compañeras que estaban realizando esta actividad y muchos ciudadanos se anotaron en un libro en apoyo a esta iniciativa del frente.
Entre tanto, la Vía Campesina en Honduras, como ya es sabido, ha venido participando activamente desde un inicio en el frente de resistencia contra el golpe de Estado, a través del compañero Rafael Alegría, que desde el pasado 28 de Junio, día en que nos dieron el golpe de Estado, ha formado parte de la dirigencia del frente de resistencia. Hoy no fue la excepción, ya que participaron muchos compañeros y compañeras de diferentes organizaciones campesinas en la masiva marcha de este 15 de Septiembre, día en que todos los hondureños lanzamos un grito de independencia de nuestra querida Honduras, que se encuentra de luto por la ruptura del orden constitucional.
EL PUEBLO UNIDO, JAMAS SERÁ VENCIDO
ALTA ES LA NOCHE Y MORAZÁN VIGILA
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Más información sobre la resistencia al golpe de Estado en Honduras:
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segunda-feira, 21 de setembro de 2009
quarta-feira, 15 de julho de 2009
Uruguay/LOS MAPAS DEL ALMA NO TIENEN FRONTERAS
13 julio 2009/ Cubadebate http://www.cubadebate.cu
Palabras dichas por Eduardo Galeano en Montevideo, anoche, al ser condecorado con la Orden de Mayo de la República Argentina
Permítanme agradecer esta ofrenda que estoy recibiendo, que para mí es un símbolo de la tercera orilla del río. En esa tercera orilla, nacida del encuentro de las otras dos, florecen y se multiplican, juntas, nuestras mejores energías, que nos salvan del rencor, la mezquindad, la envidia y otros venenos que abundan en el mercado.
Aquí estamos, pues, en la tercera orilla del río, argentinos y uruguayos, uruguayos y argentinos, rindiendo homenaje a nuestra vida compartida, y por lo tanto estamos celebrando el sentido comunitario de la vida, que es la expresión más entrañable del sentido común.
Al fin y al cabo, y perdón por irme tan lejos, cuando la historia todavía no se llamaba así, allá en el remoto tiempo de las cavernas, ¿cómo se las arreglaron para sobrevivir aquellos indefensos, inútiles, desamparados abuelos de la humanidad? Quizá sobrevivieron, contra toda evidencia, porque fueron capaces de compartir la comida y supieron defenderse juntos. Y pasaron los años, miles y miles de años, y a la vista está que el mundo raras veces recuerda esa lección de sentido común, la más elemental de todas y la que más falta nos hace.
Yo tuve la suerte de vivir en Buenos Aires, en los años setenta. Llegué corrido por la dictadura militar uruguaya, y me fui corrido por la dictadura militar argentina.
No me fui: me fueron. Pero en esos años comprobé, una vez más, que aquella prehistórica lección de sentido común no había sido olvidada del todo. La energía solidaria crecía y crece al vaivén de las olas que nos llevan y nos traen, argentinos que vienen y van, uruguayos que vamos y venimos. Y en el tiempo de las dictaduras, supimos compartir la comida y supimos defendernos juntos, y nadie se sentía héroe ni mártir por dar abrigo a los perseguidos que cruzaban el río, yendo para allá o desde allá viniendo. La solidaridad era, y sigue siendo, un asunto de sentido común y por lo tanto era, y sigue siendo, la cosa más natural del mundo. Quizá por eso su energía, la siempreviva, fue más viva que nunca en los años del terror, alimentada por las prohibiciones que querían matarla. Como el buen toro de lidia, la solidaridad se crece en el castigo.
Y quiero dar un testimonio personal de mi exilio en la Argentina. Quiero rendir homenaje a una aventura llamada Crisis, una revista cultural que algunos escritores y artistas fundamos con el generoso apoyo de Federico Vogelius, donde yo pude aportar algo de lo mucho que me había enseñado Carlos Quijano en mis tiempos del semanario Marcha.
La revista Crisis tenía un nombre más bien deprimente, pero era una jubilosa celebración de la cultura vivida como comunión colectiva, una fiesta del vínculo humano encarnado en la palabra compartida. Queríamos compartir la palabra, como si fuera pan.
Los sobrevivientes de aquella experiencia creadora, que murió ahogada por la dictadura militar, seguimos creyendo lo que entonces creíamos. Creíamos, creemos, que para no ser mudo hay que empezar por no ser sordo, y que el punto de partida de una cultura solidaria está en las bocas de quienes hacen cultura sin saber que la hacen, anónimos conquistadores de los soles que las noches esconden, y ellos, y ellas, son también quienes hacen historia sin saber que la hacen. Porque la cultura, cuando es verdadera, crece desde el pie, como alguna vez cantó Alfredo Zitarrosa, y desde el pie crece la historia. Lo único que se hace desde arriba son los pozos.
La dictadura militar acabó con la revista y exterminó muchas otras expresiones de fecundidad social. Los fabricantes de pozos castigaron el imperdonable pecado del vínculo, la solidaridad cometida en sus múltiples formas posibles, y la máquina del desvínculo continuó trabajando al servicio de una tradición colonial, impuesta por los imperios que nos han dividido para reinar y que nos obligan a aceptar la soledad como destino.
A primera vista, el mundo parece una multitud de soledades amuchadas, todos contra todos, sálvese quien pueda, pero el sentido común, el sentido comunitario, es un bichito duro de matar. La esperanza todavía tiene quien la espera, alentada por las voces que resuenan desde nuestro origen común y nuestros asombrosos espacios de encuentro.
Yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás. Quizás ésa es, para mí, la única inmortalidad digna de fe. Reconocerme en los demás, reconocerme en mi patria y en mi tiempo, y también reconocerme en mujeres y hombres que son compatriotas míos, nacidos en otras tierras, y reconocerme en mujeres y hombres que son contemporáneos míos, vividos en otros tiempos.
Los mapas del alma no tienen fronteras.
Palabras dichas por Eduardo Galeano en Montevideo, anoche, al ser condecorado con la Orden de Mayo de la República Argentina
Permítanme agradecer esta ofrenda que estoy recibiendo, que para mí es un símbolo de la tercera orilla del río. En esa tercera orilla, nacida del encuentro de las otras dos, florecen y se multiplican, juntas, nuestras mejores energías, que nos salvan del rencor, la mezquindad, la envidia y otros venenos que abundan en el mercado.
Aquí estamos, pues, en la tercera orilla del río, argentinos y uruguayos, uruguayos y argentinos, rindiendo homenaje a nuestra vida compartida, y por lo tanto estamos celebrando el sentido comunitario de la vida, que es la expresión más entrañable del sentido común.
Al fin y al cabo, y perdón por irme tan lejos, cuando la historia todavía no se llamaba así, allá en el remoto tiempo de las cavernas, ¿cómo se las arreglaron para sobrevivir aquellos indefensos, inútiles, desamparados abuelos de la humanidad? Quizá sobrevivieron, contra toda evidencia, porque fueron capaces de compartir la comida y supieron defenderse juntos. Y pasaron los años, miles y miles de años, y a la vista está que el mundo raras veces recuerda esa lección de sentido común, la más elemental de todas y la que más falta nos hace.
Yo tuve la suerte de vivir en Buenos Aires, en los años setenta. Llegué corrido por la dictadura militar uruguaya, y me fui corrido por la dictadura militar argentina.
No me fui: me fueron. Pero en esos años comprobé, una vez más, que aquella prehistórica lección de sentido común no había sido olvidada del todo. La energía solidaria crecía y crece al vaivén de las olas que nos llevan y nos traen, argentinos que vienen y van, uruguayos que vamos y venimos. Y en el tiempo de las dictaduras, supimos compartir la comida y supimos defendernos juntos, y nadie se sentía héroe ni mártir por dar abrigo a los perseguidos que cruzaban el río, yendo para allá o desde allá viniendo. La solidaridad era, y sigue siendo, un asunto de sentido común y por lo tanto era, y sigue siendo, la cosa más natural del mundo. Quizá por eso su energía, la siempreviva, fue más viva que nunca en los años del terror, alimentada por las prohibiciones que querían matarla. Como el buen toro de lidia, la solidaridad se crece en el castigo.
Y quiero dar un testimonio personal de mi exilio en la Argentina. Quiero rendir homenaje a una aventura llamada Crisis, una revista cultural que algunos escritores y artistas fundamos con el generoso apoyo de Federico Vogelius, donde yo pude aportar algo de lo mucho que me había enseñado Carlos Quijano en mis tiempos del semanario Marcha.
La revista Crisis tenía un nombre más bien deprimente, pero era una jubilosa celebración de la cultura vivida como comunión colectiva, una fiesta del vínculo humano encarnado en la palabra compartida. Queríamos compartir la palabra, como si fuera pan.
Los sobrevivientes de aquella experiencia creadora, que murió ahogada por la dictadura militar, seguimos creyendo lo que entonces creíamos. Creíamos, creemos, que para no ser mudo hay que empezar por no ser sordo, y que el punto de partida de una cultura solidaria está en las bocas de quienes hacen cultura sin saber que la hacen, anónimos conquistadores de los soles que las noches esconden, y ellos, y ellas, son también quienes hacen historia sin saber que la hacen. Porque la cultura, cuando es verdadera, crece desde el pie, como alguna vez cantó Alfredo Zitarrosa, y desde el pie crece la historia. Lo único que se hace desde arriba son los pozos.
La dictadura militar acabó con la revista y exterminó muchas otras expresiones de fecundidad social. Los fabricantes de pozos castigaron el imperdonable pecado del vínculo, la solidaridad cometida en sus múltiples formas posibles, y la máquina del desvínculo continuó trabajando al servicio de una tradición colonial, impuesta por los imperios que nos han dividido para reinar y que nos obligan a aceptar la soledad como destino.
A primera vista, el mundo parece una multitud de soledades amuchadas, todos contra todos, sálvese quien pueda, pero el sentido común, el sentido comunitario, es un bichito duro de matar. La esperanza todavía tiene quien la espera, alentada por las voces que resuenan desde nuestro origen común y nuestros asombrosos espacios de encuentro.
Yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás. Quizás ésa es, para mí, la única inmortalidad digna de fe. Reconocerme en los demás, reconocerme en mi patria y en mi tiempo, y también reconocerme en mujeres y hombres que son compatriotas míos, nacidos en otras tierras, y reconocerme en mujeres y hombres que son contemporáneos míos, vividos en otros tiempos.
Los mapas del alma no tienen fronteras.
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