De “gesto osado” calificó la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff,
a la reacción de Dani Alves durante el partido del Barcelona del domingo ante
Villarreal. Y el hecho de comer una banana, como hizo el lateral brasileño, se
convirtió en un nuevo símbolo antirracista, tendencia en Brasil y de muchísimas
figuras del fútbol mundial en apoyo al defensor del conjunto catalán.
En tanto, Villarreal identificó al agresor y determinó su expulsión
como socio de por vida y no podrá ingresar más al Madrigal, el estadio del club
amarillo.
La banana arrojada al terreno de juego forma parte del repertorio
de ofensas de los hinchas racistas contra jugadores negros o mestizos. En
Europa, es bastante habitual en estadios de España e Italia. Antes de lanzar un
tiro de esquina, Dani Alves tomó una banana del césped, la peló y le dio un
mordisco.
“Llevo en España 11 años y 11 años igual.
