30 septiembre 2015, Rebelión
http://www.rebelion.org (México)
A Jorge Risquet Valdés, combatiente
revolucionario recientemente fallecido y, obviamente, al pueblo cubano
El 7 de diciembre es una fecha que
nunca pasará desapercibida para el pueblo de Cuba. Ese mismo día, pero de 1896,
cayó combatiendo en San Pedro, Punta Brava, el Lugarteniente General del
Ejército Libertador Antonio Maceo Grajales y su ayudante, el capitán Panchito Gómez Toro, hijo del General mambí
Máximo Gómez. Treinta y ocho años después y en la misma ciudad que el Titán de
Bronce —Santiago de Cuba— nacía Frank Isaac País García, destacado luchador clandestino contra la tiranía batistiana. Y el 7 de
diciembre de 1989, hace ya casi veintiséis años y 119 después del primer hecho
aludido en este escrito, culminó en toda Cuba la Operación Tributo.
Ésta operación consistió en el
traslado a la Isla de los restos mortales de más de 2.000 internacionalistas
cubanos caídos en misiones en África. En medio de una gran conmoción, los
combatientes repatriados fueron inhumados en los Panteones de los Caídos,
acondicionados para la ocasión en cada uno de los 169 municipios del país —a
cada uno en su lugar de origen, aunque el acto central fue celebrado en el
Cacahual, lugar donde descansan los restos de Maceo y Gómez Toro—. Previamente,
en el cementerio de la Misión Cubana en Angola, los especialistas del Instituto
de Medicina Legal habían hecho un extraordinario y exhaustivo trabajo de
identificación y preparación de los cadáveres.
Pero, como no podía ser de otra
manera, tan magna y emotiva jornada tuvo sus antecedentes que, por su enorme y
positiva trascendencia, así como por el descarado empeño por parte del imperio
en ocultarlos y tergiversarlos, bien vale la pena recordar.
La Revolución Cubana no sólo se
consagró a su propia defensa —ahí tenemos el caso de Playa Larga y Playa Girón,
donde en abril de 1961 y en sólo 66 horas, el Ejército Rebelde y las Milicias liquidaron
la invasión mercenaria apoyada y financiada por el gobierno de los Estados
Unidos—, también se dedicó a prestar ayuda —siempre altruista— a infinidad de
causas justas en numerosos países de África y de América Latina.
Por la República Popular de Angola,
en el transcurso de los casi dieciséis años que duró la “Operación Carlota” [1],
llegaron a pasar 377.033 combatientes