Mostrando postagens com marcador Ciudadania. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Ciudadania. Mostrar todas as postagens

sábado, 6 de outubro de 2007

Paraguay/Sin cambio, la gente morirá poco a poco, sostiene Lugo

Fernando Lugo se reafirmó en lo expresado ya anteriormente “cambio o muerte”, como una especie de eslogan para su campaña. Dijo: “ aquí se cambia para mejor, o la gente morirá poco a poco, no hay alternativa”.

Filadelfia, Chaco (Marvin Duerksen, corresponsal), 6 octubre 2007 - Fernando Lugo visitó ayer por segunda vez esta zona del país, habló con representantes menonitas y el intendente local Hermann Ratzlaff (PEN) y participó de un acto con líderes indígenas, quienes le presentaron los ejes programáticos para Boquerón en el marco del “Proyecto País”.

En la ocasión se reafirmó en lo expresado anteriormente: “cambio o muerte.”

Dijo que la gente en el país está decidida a iniciar el cambio, si no la ciudadanía morirá poco a poco, porque no habría perspectivas de futuro para el país. “Cuando los derechos a la salud, educación y justicia transparente forman parte de un mercado, donde se compra y se vende, el resultado lo tenemos nosotros, que es la muerte lenta de tanta gente”, disparó.

Sostuvo que ha crecido el número de suicidios, inclusive de niños, que nunca se ha dado en la historia del país.

“O se cambia, o se muere, aquí en el país. Yo creo que no hay otra alternativa en este país. Por eso la mayoría de la ciudadanía paraguaya ha apostado por un cambio real, donde la ciudadanía es el sujeto transformador”, dijo.

Después se reunió con unos 20 menonitas de las colonias del Chaco, quienes le manifestaron varias preocupaciones acerca de su religión y persona. Lugo dijo que el Estado paraguayo como sistema no tiene religión y que él no será un presidente católico fun- damentalista. Dejó en claro que el Estado debe ser un sistema rector, para reducir la pobreza y dar oportunidades a todos por igual.

http://www.abc.com.py/articulos.php?fec=2007-10-06&pid=362594&sec=7&ABCDIGITAL=3cddc84c1bd152306a9e0e43e671e6a1

terça-feira, 25 de setembro de 2007

Paraguay/Ex obispo destaca importancia de participacion real de la ciudadania

Asunción, 25 septiembre 2007 - El aspirante presidencial Fernando Lugo afirmó ayer que la democracia formal es incompleta y que el concepto de la “democracia participativa no es nuevo ni extraño” y que está consagrado en la misma Constitución Nacional.


El presidenciable de la Alianza Patriótica para el Cambio indicó que el concepto histórico de la democracia fue enriqueciéndose con el tiempo y que la democracia participativa es uno de los aportes. Dijo que el concepto “no es nuevo ni extraño” y que está en la misma Constitución Nacional que habla de “democracia representativa, participativa y pluralista”.


Varios grupos que apoyan a Lugo, como el movimiento Tekojoja, y el propio postulante, toman como bandera la “democracia participativa” en el actual proceso electoral.

Para el ex obispo, la democracia participativa trae nuevas formas de protagonismo. “La participación de la ciudadanía no solo se da a través de los partidos políticos, sino también por medio de movimientos, asociaciones políticas, comisiones barriales, etc”, explicó.


A su criterio, esta nueva concepción implica tres niveles: primero, el ejercicio del voto; segundo la elaboración de propuestas, y tercero, el control de la ejecución de los programas de gobierno.


Lugo sostuvo que, ante el excesivo énfasis en la “democracia representativa, en la que los representantes se arrogan todo de sus representados”, a tal punto de no representarlos, y la “democracia formal, incompleta porque reduce al voto periódico el rol de la ciudadanía”, aparecen nuevas búsquedas de real protagonismo y de ejercicio democrático.


En este sentido dijo que la democracia participativa permite que la ciudadanía elabore y aporte propuestas que luego son tenidas en cuenta en programas de gobierno, ya sea municipales, departamentales y nacionales. Agrega que antes los programas se elaboraban solo en los gabinetes con gente preparada en metodología, economía, política y otras áreas. Insistió en que la participación ciudadana hace que la misma sea corresponsable de los gobiernos.


Lugo destacó que hay muchas experiencias de democracia participativa en Argentina, Brasil y en Paraguay en sectores del campesinado. Recordó el caso de villa El Salvador, de Lima (Perú), en que la comunidad diseñó su tipo de organización. La misma fue visitada por el Papa Juan Pablo II, dijo.

http://www.abc.com.py/articulos.php?fec=2007-09-25&pid=359988&sec=7&ABCDIGITAL=d9c003bfdad6c5356b9987328c5a5938

quarta-feira, 25 de julho de 2007

Las fronteras del Mercosur

Por Miguel Ángel Vilte (*) Desde Corrientes, Argentina 23072007

Los pasos fronterizos constituyen un fuerte obstáculo para la integración. Se hace necesario profundizar estudios especializados como primer paso para construir una identidad de bloque.
En los cruces fronterizos de los distintos países que integran el Mercado Común del Sur (Mercosur) existen serias trabas burocráticas que dejan a la vista las dificultades a la hora de concretar una verdadera integración.

Los ejemplos sobran. Uno de ellos es el control de personas en Clorinda (frontera entre Argentina y Paraguay), que lleva entre 30 a 60 minutos. A ello se le deben sumar las requisas y control de equipajes.

En tanto, el presidente de la Junta Local Autónoma de Bella Unión (Uruguay), Federico Da Silveira, en el reciente Encuentro de la Triple Frontera realizado en Paso de los Libres (Corrientes), manifestaba “tenemos 30 minutos de viaje desde Bella Unión hasta Paso de los Libres (Argentina) pero demoramos otros 30 en los controles”.

Otro de los ejemplos lo constituyen las dificultades que tuvieron los productores de bananas del Paraguay, que se vieron perjudicados por las trabas comerciales que impedían la exportación hacia Argentina.

También hay dificultades que se padecen en el ámbito cultural, cuando por ejemplo se desea pasar una obra de arte. Así podríamos enumerar una serie de hechos que impiden la libre circulación de bienes y servicios, como también de las personas.

Sin embargo, el Tratado de Asunción fija en su artículo 1 sobre la libre circulación de bienes y servicios y factores productivos, el establecimiento y aplicación de un arancel común externo común (AEC) y la adopción de una política comercial común con relación a terceros Estados; la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales, y una mayor armonización de las legislaciones en las áreas pertinentes.

En este sentido, el canciller del Paraguay Rubén Ramírez en la Cumbre Social del Mercosur realizada en Paraguay el pasado 26 y 27 de junio, remarcó la necesidad de un libre tránsito de personas y bienes, y exhortó a superar todas “las estériles rivalidades y el anacrónico proteccionismo”.

En un comunicado conjunto de la XXXIII Reunión del Consejo del Mercado Común del Mercosur que se realizó en la ciudad de Asunción, entre los días 28 y 29 de junio, con la presencia de los presidentes de Argentina, Néstor Kirchner; de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; de Paraguay, Nicanor Duarte Frutos, de Uruguay, Tabaré Vázquez y del Vicepresidente de Venezuela, Jorge Rodríguez, se “saludaron los avances alcanzados en la elaboración del Proyecto de Código Aduanero del Mercosur”, importante instrumento para avanzar en la libre circulación de mercaderías, la consolidación de la unión aduanera y la construcción del Mercado Común. También se alentó “la pronta y satisfactoria conclusión de los trabajos y su implementación”.

Debemos recordar que las fronteras tuvieron como finalidad asegurar territorios que resultan valiosos, ya sea por sus recursos humanos o naturales o por su importancia estratégica o simbólica.

La docente de la Universidad Nacional de Misiones (UNAM), Elena Maidana, considera que el “control de las fronteras (económicas, políticas, sociales y culturales) se sostiene a partir de discursos y prácticas hegemónicas frente a la capacidad constitutiva de las relaciones y procesos transfronterizos, por lo que en el complejo entramado de situaciones de fronteras no debe descuidarse la específica carga de significaciones e instituciones como las fuerzas armadas, la escuela y los medios de comunicación, que tradicionalmente se han hecho portadoras de las políticas hacia las fronteras en cada estado nacional”.

Así, quienes viven en fronteras políticas enfrentan no solamente los controles físicos y legales del límite político entre dos o más Estados, sino también los límites culturales y simbólicos promovidos por la escuela y los medios.

El estudioso de temas de frontera Alejandro Grimson recuerda que Europa se presenta como modelo del “fin de fronteras”. A pesar de ello, sostiene que el mismo está lejos de consumarse para cuestiones claves como migración y ciudadanía dentro de la propia Unión Europea (UE), ya que en ciertas fronteras críticas los gobiernos han reforzado las fortificaciones militares.

También debemos considerar que los actores de frontera están en permanente contacto, ya sea por el matrimonio, la economía informal, el comercio, el consumo de toda clase, el turismo, el deporte, el arte, la religión.

Así deben destacarse otras consideraciones, como el portar doble nacionalidad y el contrabando. En este sentido Grimson menciona que “la propia dinámica de la interacción cotidiana plantea, en muchos casos, un crecimiento de roces y conflictos”.

Sin duda, la complejidad de las relaciones de frontera nos lleva pensar que la resolución de esta problemática no es accesoria sino medular al proceso de integración del Mercosur, sobre todo si consideramos que la búsqueda de soluciones comienza por las verdaderas venas del bloque, ubicadas en la periferia y a la vez en el corazón del difícil proceso que requiere de la construcción de identidad de una unidad latinoamericana, sin dejar de lado la nacionalidad de cada país que la integre.

En este contexto, organizaciones sociales reunidas en la Cumbre Social de Asunción del Paraguay solicitaron a los jefes de Estado que hagan cumplir el artículo 1 del Tratado de Asunción.

En tal sentido sugirieron establecer un cronograma de eliminación o armonización de las restricciones no arancelarias no mas allá del 2008; eliminación de las excepciones al comercio intramercosur y extramercosur; incorporación de los sectores del azúcar y automotriz a la Unión Aduanera; establecimiento de una política común; coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales hasta llegar a una moneda única; documento único del Mercosur para la libre circulación de personas físicas en los estados partes; entre otros.

En otra zona del Mercosur se observa una manifestación de voluntad a la integración de los Municipios de Frontera, como lo es en el caso de la Región de la Triple Frontera entre Brasil, Uruguay y Argentina. En esta región se creó la Asociación de Municipios de Frontera Integrados del Mercosur (AMFIM), que busca establecer políticas comunes que favorezcan la integración y el desarrollo.

Claro que el desafío es trabajar en la identidad del bloque, y resultará difícil si no se concibe por qué debemos hacerlo y qué caminos nos esperan a partir de ello.

Ernesto Laclau, en un análisis del movimiento político de la región, dice que “el Mercosur es la perspectiva real para América Latina de avanzar hacia una alternativa respecto de la política de Estados Unidos”.

Si no se tiene en claro este camino nadie renunciaría a las porciones de poder y soberanía que hoy marcan las fronteras.

La resolución de estos conflictos permitirá obtener leyes que no queden en letra muerta y favorezcan a un Mercosur con identidad propia.

(*) Miguel Ángel Vilte es alumno del Seminario de Posgrado “Periodismo en Escenarios Políticos Latinoamericanos” que actualmente dicta la Agencia Periodística del Mercosur (APM) desde la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=3427

quarta-feira, 27 de junho de 2007

America Latina / Democratizar la comunicación

Osvaldo León & Sally Burch / ALAI, América Latina en Movimiento/ 18 Junio 2007

“Sin democratización de la comunicación, no hay democracia” fue una proclama, un grito, que se extendió por Latinoamérica a inicios de los ’80, particularmente en aquellos países del Sur que transitaban de las tinieblas dictatoriales a fórmulas constitucionales. La premisa era simple, pero contundente, por ser universalmente aceptada: la vitalidad de la democracia depende de la participación ciudadana, para lo cual resulta fundamental que los diversos sectores ciudadanos estén debidamente informados y puedan expresar sus particulares puntos de vista al conjunto de la sociedad, condición que solamente puede garantizarse con la democratización de la comunicación.
Para entonces, en un sentido general, estaba presente el hecho de que gran parte de los medios establecidos o fueron puntales para el establecimiento de tales dictaduras o se acomodaron a ellas, sea por la censura o autocensura, para medrar de un entendimiento tácito que permitió que se levanten monopolios a cambio de favores efectivos pero nunca dichos, como el silenciar las voces de las fuerzas políticas de oposición y de los movimientos sociales.

Pero en tal proclama también estuvo presente la voz y anhelo de un sinnúmero de esfuerzos y experiencias alternativas, que con un sentido popular, comunitario, de base, etc., buscaban desde anteponer contrapuntos a segmentos del manejo mediático, hasta formular respuestas globales, en un sentido anti-hegemónico, pasando por un conjunto híbrido, pero con un común denominador: la filiación a lo que fue el movimiento en torno a las “políticas nacionales de comunicación” que dio sustento a la demanda por un Nuevo Orden Mundial de Información y Comunicación (NOMIC).
Aunque no faltaron los respaldos y simpatía de las fuerzas sociales organizadas con esta causa, el hecho es que no dieron el paso para apropiarse de ella, para hacerla suya; fue como si se tratara de un asunto circunscrito a quienes están directamente vinculados al campo comunicacional, cuando en realidad es ante todo un asunto de ciudadanía. A la postre, ello redundó en que pase a ser una de las asignaturas pendientes de las luchas sociales, aunque en ella han perseverado un contingente de colectivos para mantenerla vigente y, de a poco, con un trabajo de hormiga, ir pugnando para que la lucha por la democratización de la comunicación pase a ocupar el sitial que se merece en las luchas sociales contemporáneas.

En el plano de la gestación y proyección de respuestas en el terreno, el acumulado que la comunicación alternativa, popular, dialogal, horizontal, etc. había logrado entre finales de los ’70 e inicios de los ’80, prácticamente se desparramó ante el impacto brutal de las políticas neoliberales, en la medida que afectaron el sentido mismo de organización social con la premisa individualista del “sálvese quien pueda”. Fueron, sin duda, momentos difíciles, pero la llama permaneció encendida.

¿Dónde queda la sociedad?
Con los acelerados avances de las tecnologías de información y comunicación registrados en los últimos tiempos, no solo se ha establecido un nuevo escenario en este campo, sino que éstas han repercutido en las diversas esferas del convivir social de manera profunda. En este contexto, el poder que han venido acumulando los medios de difusión les ha llevado a una virtual ocupación del espacio público, que les permite actuar con una agenda política y económica propia, estableciendo lo que tiene o no pertinencia social. Al punto que, en los tiempos que corren, ante el descalabro de los partidos políticos del establecimiento, prácticamente han pasado a cumplir el rol de articuladores de tales sectores, incluso como cuasi partidos. Todo esto, en medio de la febril competencia mercantil que desdibuja seriamente el carácter de servicio público de los medios de comunicación y la responsabilidad social que tienen, lo cual va acompañado de intentos por desbaratar cualquier norma legal que pudiera restringir el control corporativo del sector.

Es por ello que va cobrando fuerza la demanda de un amplio debate público sobre el rol de los medios en las sociedades democráticas contemporáneas, el sistema de propiedad, el carácter de los medios públicos, la libertad de expresión, etc. que precisamente ha sido una de las banderas de quienes impulsan el reconocimiento del Derecho a la Comunicación y la democratización de los medios.

Sean O'Siochrú, de la Campaña por los Derechos de la Comunicación en la Sociedad de la Información (CRIS) (1), al referirse a los diferentes pasos del proceso de comunicación en la sociedad -creación y propiedad del conocimiento, procesos y medios para la difusión y la comunicación, su uso para alcanzar metas políticas, económicas y sociales-, y quienes ejercen el control sobre ellos, señala que: "El peligro inminente es que cada momento del ciclo se está atando a las necesidades del capital y del mercado. El peligro en última instancia es que el ciclo del proceso de la comunicación en la sociedad sea interrumpido, que el proceso de aprendizaje social se haga cada vez más débil, y que al final el proceso de la creatividad sea transformado y reducido a la generación de ganancia a corto plazo, en forma insostenible, para una pequeña minoría". El evoca el concepto y la práctica de los "derechos de la comunicación", que pueden ayudar a "evaluar críticamente y entender estos peligros, pero también para ayudarnos a organizar soluciones integrales para abordarlas".

Sería oportuno retomar el concepto de la comunicación como derecho humano, indispensable para el ejercicio de ciudadanía, para reencaminar el debate que se ha abierto en los últimos meses en América Latina en torno a la libertad de expresión -particularmente a raíz de la decisión del gobierno venezolano de soberana y legalmente no renovar la concesión de frecuencias de RCTV-, puesto que la tendencia ha sido polarizar el debate entre medios comerciales y gobierno, como si fueran los únicos actores.

Con la conquista del espacio público, de manera sistemática los medios pretenden erigirse en representantes de la sociedad. Pero no queda claro que las grandes mayorías se sientan representadas por ellos, siendo que, por lo general, solo hacen referencia a los sectores populares como víctimas de desastres o protagonistas de la violencia social y la criminalidad. ¿Qué hay de la libertad de expresión de estos sectores y su derecho de hacer oír sus propuestas, demandas y críticas? ¿Qué mecanismos existen para defender el derecho a la información de la ciudadanía, frente al control dominante y crecientemente monopólico de los sectores de poder económico en el ámbito de la comunicación?

La reemergencia en el continente de expresiones organizadas que pugnan por democratizar la comunicación está contribuyendo a este replanteamiento del debate. Dos de sus recientes logros incluyen la aprobación de una ley de radiodifusión comunitaria en Uruguay, y en México la decisión de la Corte Suprema de declarar inconstitucional partes de la llamada "Ley Televisa", que consagraba el monopolio privado en la televisión. Estas expresiones, incluyen desde las redes y campañas que impulsan el reconocimiento e implementación de derechos y marcos legales, hasta los medios alternativos y comunitarios que apuntan a desbloquear la expresión de la ciudadanía, además del análisis de investigadores que acompañan estas causas. Son iniciativas como éstas y las articulaciones que se van tejiendo entre ellas y otros movimientos que luchan por la justicia social, las que están sentando las bases para que la democratización de la comunicación se haga realidad.

Nota(1) O'Siochrú, Sean, "Los Derechos de la Comunicación y la Campaña CRIS", América Latina en Movimiento, ALAI, No 399-400, Quito, Sept. 12 2005.

- Este artículo forma parte de la revista de ALAI América Latina en Movimiento Nº 421, que versa sobre el tema “Comunicación: democratización, ciudadanía, medios comunitarios”, que ya está en circulación

http://alainet.org/active/18116&lang=es