Bolivia camina por su propio carril. Este
año acabará con un crecimiento del PIB por encima del 4,5%. En un momento de
contracción económica mundial, de vientos en contra, el país andino crece
sostenidamente. ¿Por qué? La razón es bien sencilla: Evo Morales no confió
jamás en los ciclos de la economía mundial.
Desde el inicio de su mandato en el año 2006, Bolivia
construyó un orden económico propio. En absoluto, autárquico ni desconectado
del mundo. Todo lo contrario: un modelo económico vinculado con el exterior
pero en forma soberana e inteligente. Lo primero fue la nacionalización de los
hidrocarburos, fundamental para edificar una casa propia. Justa en clave social
y eficaz en materia económica. Se rompe así el mito que cualquier
nacionalización merma capacidad de crecimiento. Bolivia multiplicó su PIB
nominal por cuatro en este tiempo. Y aún continúa en su ciclo largo de
crecimiento pese a la coyuntura internacional.
A medida que el gobierno de Evo fue repotenciando el
papel del Estado en la economía, tampoco huyeron las inversiones extranjeras
directas ni hubo fuga de capitales. El ahorro interno creció a