Por Gerardo Szalkowicz
El nuevo intento golpista desmontado
en Venezuela, auspiciado -una vez más- por la Casa Blanca, es el punto más alto
de una ofensiva recrudecida con fuerza en las últimas semanas. El sólido
rechazo regional evidencia que esta estrategia lleva a EEUU a un mayor
aislamiento.
“Hemos desarticulado, desmantelado,
un atentado golpista contra la democracia, contra la estabilidad de nuestra
patria”. Así anunciaba el presidente Nicolás Maduro el jueves pasado una nueva
acción desestabilizadora que implicaba a miembros de la Aviación Militar. Según
el mandatario, se trataba de “una conspiración que se montó desde el gobierno
de Estados Unidos”.
Más tarde, el presidente de la
Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, reveló los nombres de los militares
vinculados y mostró las contundentes pruebas recabadas de las computadores y
teléfonos de los oficiales detenidos. La denominada “Operación Jericó”, que iba
a ser ejecutada el 12 de febrero, se activaría con la publicación de un
manifiesto llamando a un gobierno de transición y continuaría con bombardeos
desde un avión Tucano a instituciones del Gobierno y a medios como Telesur. El
plan
